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Los beneficios para la democracia del debate entre candidatos son evidentes, puesto que ello permite a los electores tomar decisiones con mayor información respecto de las propuestas de éstos. Es precisamente gracias al debate que unos candidatos podrían demostrar la inviabilidad o pura demagogia de las propuestas de otros, frente a una ciudadanía que, además, no suele ser muy lectora de los programas que proponen los presidenciables. Entonces, los candidatos no sólo tienen la obligación de explicar sus propuestas, sino que tienen que conocer las propuestas de los otros e intentar demostrar la falsedad o peligrosidad de las mismas, y hasta exigir explicaciones sobre algunos de sus puntos.

 

Personalmente creo que la negativa de Evo Morales a debatir no es más que una demostración de su cobardía e inseguridad, puesto que si él realmente creyera que las propuestas de los otros no son serias, o que la suya es mejor, no debería tener ningún problema en demostrárselos en sus caras. Evo Morales no quiere debatir, simplemente porque tiene cosas que esconder, su plan es pura maldad, miente y teme que sus mentiras e ineptitud sean puestas en evidencia por sus rivales frente a los electores. Así de simple.

 

Echándole un vistazo a la propuesta de gobierno del masismo, encontrada en www.cne.org.bo, en la página 61, podemos encontrar una tabla que enumera cien Leyes que supuestamente serían diseñadas y aprobadas para implementar la Constitución del MAS. Allí encontramos una futura “Ley Orgánica del Control Social” cuyos límites y mecanismos sería importante conocer ¿quiénes estarán habilitados para ejercer ese control social?, ¿los movimientos sociales afines al MAS?, ¿controlarán sólo las actividades públicas o también las privadas?

 

Otra curiosidad es el “Nuevo Código de seguridad social” y la “Ley del sistema de seguridad

social integral” destinados a cambiar el régimen de pensiones, pero que no nos da mayores datos de cómo se lo hará ¿se obligará a los aportantes a confiar su dinero a los burócratas del gobierno? En la “Ley de recursos hídricos” ¿se confiscará los pozos de agua de los ciudadanos de los barrios alejados, para dárselos en administración a Omar Fernández y sus regantes?

 

Me preocupa especialmente la “Ley de donación y trasplante de órganos”, puesto que como con Evo Morales pensando en lo peor se suele acertar, se me ocurre que a través de esta ley pretenderán obligar a cada individuo a donar sus órganos para quien los necesite. Y no me importa si es vivo o muerto, cada persona tiene el derecho de irse completa a la tumba si es que así lo quiere.

 

Habrá una “Ley de cooperativas”, por la que los cooperativistas seguramente estarán interesados en saber si el gobierno quiere meter sus narices ¿en qué asuntos? No lo sabemos, el programa no lo dice. Luego vienen la “Ley de regulación de unidades educativas privadas y de convenio” y la “Ley de regulación de la educación superior” por las que creo que el MAS pretende poner sus garras sobre la autonomía universitaria, y sobre la educación de nuestros hijos, al igual que su gran amigo Chávez en Venezuela, que ya ha comenzado a utilizar las escuelas para adoctrinar a los niños y convertirlos en futuros “revolucionarios”.

 

Con la “Ley de comunicación social e información”, es más que evidente que Morales quiere deshacerse de una vez por todas de ese estorbo llamado libertad de expresión y de prensa que, él mismo lo dijo tantas veces, es considerado una muy molesta piedra en el zapato. Los periodistas, esos sucios pollos de granja, son los principales enemigos, deben ser controlados y ¿qué mejor que una Ley para lograrlo?

 

No se para qué se necesita una “Ley de regulación de derechos y garantías constitucionales” ¿es que piensan limitar nuestros derechos constitucionales? Sobre la “Ley de Regulación de la inversión privada y desarrollo productivo” tendrán que hacer preguntas los empresarios e inversionistas, generadores de empleo, igual que con la “Ley de regulación de cadenas productivas”, en la que seguramente se pretenderá decidir, desde el gobierno, quién vende, cómo lo hace, a qué costo, y en qué lugares y momentos.

 

Sin embargo, una de las dudas más preocupantes de este plan, es la referida al “Saneamiento del Derecho Propietario de Inmuebles Urbanos”, que no está en la tabla, pero se encuentra precisamente en la página 61 ¿Cuál la intención de esta regulación?, ¿se querrá hacer, como en Venezuela, una persecución política a los ciudadanos opositores extorsionándolos con la propiedad de sus casas?, ¿serán intervenidas por el control social?

 

Un debate entre candidatos a la presidencia de la República servirá para despejar estas y muchas otras dudas sobre el programa de gobierno del MAS. No sea cobarde, señor Morales, y aclárenos estas cosas.


Escrito por H. C. F. Mansilla

 

Los estudios que analizan los procesos sociales de cambio son, por supuesto, indispensables para entender el desarrollo histórico de una comunidad. Igualmente importantes son los enfoques que tratan de esclarecer la continuidad de modelos y pautas de comportamiento a través de los intentos acelerados y premeditados de reforma social. Grandes pensadores, como Alexis de Tocqueville, Max Weber y Octavio Paz, han consagrado sus esfuerzos a explicar aquellas tendencias culturales de larga data que permanecen vigentes pese al surgimiento de fenómenos políticos dramáticos, pero de consecuencias ambivalentes. Hay que señalar que la esfera cultural es mucho más reacia al cambio que el terreno de lo técnico: en las ciencias sociales se conoce ampliamente este fenómeno de la inercia histórica de los hábitos culturales. Por ello en el campo de las prácticas cotidianas y algo menos en el área institucional es donde la mentalidad tradicional —la que sobrevive, por ejemplo, a la globalización y la importación de la tecnología— se percibe más agudamente, y donde sus efectos son más perniciosos.

 

La cultura del autoritarismo, el paternalismo y el centralismo representa hasta hoy uno de los pilares más sólidos e inalterables de la mentalidad colectiva boliviana, y esta cultura no ha cambiado gran cosa desde el último periodo de la era colonial. A esto hay que agregar que estos factores estaban inmersos también en las civilizaciones indígenas prehispánicas, sobre todo en el Imperio Incaico. En cuanto fenómeno histórico de larga duración, la colonia española aprovechó y revigorizó elementos importantes de la cultura política incaica. Los que protestan ahora de manera vehemente contra el colonialismo español reproducen a menudo sus valores de orientación y sus pautas de comportamiento. Por motivos comprensibles, que tienen que ver con la identidad nacional en sentido enfático, esta temática todavía no ha sido estudiada y analizada como se merece por las ciencias sociales bolivianas.

 

Lo que llama la atención a partir de enero del 2006 es la intensificación del carácter conservador de las prácticas políticas del Gobierno y de los grupos que lo apoyan. Conservador en sentido de rutinario y convencional, provinciano y pueblerino y, ante todo, autoritario, paternalista y prebendalista. Es obvio que esta constelación no fue creada por el régimen actual, pero sí legitimada y exacerbada. Para ello no se necesita mucho esfuerzo creativo intelectual, sino la utilización adecuada y metódica de la astucia cotidiana. El accionar del Gobierno ha sido facilitado por una mentalidad colectiva que, en líneas generales, tiende a la reproducción de comportamientos anteriores, muchos de ellos de carácter verticalista. Por ello se explica la facilidad con que se imponen el voto consigna, el caudillismo personal del Gran Hermano y la intolerancia hacia los que piensan de manera diferente. Hay que señalar que esta atmósfera general de autoritarismo práctico es fomentada también por la carencia de una conciencia crítica de peso social, por el nivel educativo e intelectual muy modesto de la población y por la existencia de un sistema universitario consagrado a un saber memorístico y convencional, muy lejano de la investigación científica. Aquí se puede cambiar el nombre del país mediante un decreto supremo sin que se presente ninguna oposición seria y sin que los sectores intelectuales articulen ninguna protesta de relevancia social.

 

Estos fenómenos habían sido mitigados durante la era de la democracia liberal (1985-2005), pero ahora se nota que el pluralismo y el Estado de derecho eran sólo un barniz delgado y efímero. La ruralización de la vida significa también la pérdida de la urbanidad en el trato social, el descuido de los derechos de terceros, la declinación de la proporcionalidad de los medios y del principio de plausibilidad, la simplificación forzada de procesos complejos, la expansión de un abierto cinismo desde esferas oficiales y la reaparición de formas elementales y hasta primitivas de hacer trabajo político, todo ello bajo el engañoso renacimiento de lo autóctono. Para decirlo claramente: se experimenta una caída civilizatoria, un descenso del nivel cultural que se había conseguido laboriosamente en las últimas décadas.

 

En el fondo es una tendencia a la desinstitucionalización de todas las actividades estatales y administrativas. No es casualidad que de modo paralelo se promueva la economía informal, aunque sectores importantes de la misma se encuentran cerca de lo ilegal-delictivo y no fomentan una modernización racional de la economía boliviana. Este populismo práctico-pragmático brinda considerables réditos políticos, como ya lo demostró la Revolución Nacional de 1952.

 

Los últimos años en Bolivia han visto la intensificación de fenómenos de vieja data, fenómenos que ahora adquieren el barniz de lo progresista y adecuado al tiempo. Como corolario se puede afirmar que este proceso significa en realidad la supremacía de las habilidades tácticas sobre la reflexión intelectual creadora, la victoria de la maniobra tradicional por encima de las concepciones de largo aliento y el triunfo de la astucia sobre la inteligencia.

 

H. C. F. Mansilla es doctor en filosofía.


Se que esta columna, y probablemente otras que vaya a escribir, van ha causar una serie de desamores hacia mi persona, pero dado que no estoy manifestando ninguna mentira, que mis opiniones siempre se han basado en información verdadera, y que siempre me he sentido y aún me siento libre de decir lo que pienso y siento, no veo ninguna razón por la que tuviera que guardar un “discreto silencio”. Especialmente si son verdaderas nuestras intenciones de que la política y los políticos en Bolivia sean distintos, y si no es pura pose eso de que estamos hartos de tanta chapucería y engaño.

 

Harry Houdini es conocido mundialmente como el mejor escapista de la historia, su espectáculo consistía en hacerse inmovilizar con diferentes tipos de cadenas, esposas, o cuerdas, así como ser encerrado en sacos, cofres u otros receptáculos, y huir de todos ellos rápida y sorprendentemente. Tan infalibles fueron sus hazañas, que su muerte se debió a una peritonitis agravada por unos golpes en el abdomen, y no a un error durante algún show.

 

Manfred Reyes Villa, candidato a la presidencia de Bolivia, es conocido -o al menos debería ser conocido departamentalmente- como el mejor escapista político de los últimos años, su espectáculo ha consistido en huir de cualquier atadura que implique compromiso, lealtad o responsabilidad con sus electores, puesto que siempre que hemos vivido situaciones extremas, él ha estado con un pie -si es que no los dos- fuera de Cochabamba, asegurándose de salvarse de cualquier peligro que pudiera correr.

 

Para el 11 de enero del 2007, por ejemplo, Manfred estaba ya en Estados Unidos, seguro de no correr ningún peligro ante el desgraciado conflicto que se armó en nuestra ciudad. Y que conste que no me estoy quejando de que alguien viaje al país que quiera cuando quiera, sino del hecho de que lo haga una autoridad que, al menos en teoría, debería mostrar mayor compromiso y lealtad por los ciudadanos gracias a quienes ha ostentado los cargos que se le han otorgado, y por quienes debería sentir un mínimo de consideración.

 

Para el 4 de mayo del 2008, día del referéndum cruceño por sus estatutos autonómicos, Manfred estaba en esa ciudad, y prácticamente con un pie en el vuelo para Miami. Seguramente el temor era que el gobierno tratase de parar el referéndum con algún tipo de medida de excepción, que le permitiera detener a los líderes opositores arbitrariamente.

 

Otra ocasión en que los ciudadanos quedaron solos, aún estando Manfred en Cochabamba, fue para el referéndum revocatorio del 10 de agosto del 2008. Con la fácil excusa de que era ilegal, Reyes Villa optó por no defender una Prefectura que los ciudadanos le habían encomendado con sus votos, y ni siquiera fue capaz de votar por sí mismo, simplemente decidió abstenerse. Muy diferente a José Luís Paredes, que terminó peleando hasta el último momento, y que aunque de todos modos perdió el revocatorio, los ciudadanos que votaron porque se quedara fueron una cantidad mayor a la de ciudadanos que le habían elegido el año 2005. Manfred tenía en Cochabamba muchas más posibilidades que Paredes, pero prefirió la salida fácil.

 

No es costumbre de Manfred hacer lo del buen Capitán del barco que, a diferencia de las ratas que son las primeras en huir, se asegura de salvar a la mayor parte que se pueda de los pasajeros y tripulación, e incluso se afana por tratar de salvar al mismo barco, llegando muy comúnmente a hundirse con él.

 

Este, evidentemente, no es el comportamiento de un verdadero líder, y más bien debería recordarnos a un Tuto Quiroga que, en el momento en que poseía una tremenda credibilidad ante los bolivianos, y cuando el gobierno de Carlos Mesa requería de todos los apoyos posibles para sacar el barco a flote, prefirió quedarse en Estados Unidos cuidando su imagen para unas elecciones en las que de todos modos Evo morales le hizo trizas.

 

Lo que sucede es que a los líderes, esos ciudadanos que las sociedades miran como paradigmas, se los necesita precisamente en los momentos de crisis y de peligros, en las ocasiones en que temeraria y audazmente se deba resolver enredos que amenacen peligrosamente el orden social, y no tanto en los momentos en que todo anda bien.

 

Esa es la razón por la que cada vez que veo a Reyes Villa haciendo campaña y transmitiendo su fútil discurso, me pregunto ¿Y cuándo nos volverá a dejar Manfred?


El diputado René Martínez (del partido del candidato Evo Morales) ingresó a la Cámara de Senadores, notablemente enfurecido, para armar un escándalo contra los legisladores opositores, que acababan de introducir modificaciones a una Ley que debería permitir la utilización de un crédito para construir la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. Su rabia fue tan grande, que estuvo a punto de agarrarse a golpes con al menos un senador opositor; parecía que con esas modificaciones, se le estaba arrebatando algo tan, o más importante que su propia vida.

 

Pero ¿cuáles fueron las modificaciones introducidas por los senadores de la oposición? En primer lugar, la disposición de que, al ser un proyecto u obra de importancia nacional (involucra a los departamentos de Cochabamba y Beni) debería ser financiada en un 100% por el TGN. La Prefectura del Beni ya había manifestado la imposibilidad de endeudarse para participar del proyecto (no hay que olvidar que la confiscación del IDH, llevada adelante por el MAS, dejó sin recursos a los departamentos con menores ingresos), y la Prefectura de Cochabamba, al mando del timorato Jorge Ledezma, ni siquiera se pronunció al respecto.

 

Una segunda modificación es la referida a la necesidad de que se consulte a las comunidades indígenas antes de construir en territorios que pudieran haber sido reconocidos como suyos por el Estado. Es, además, una prerrogativa que la Constitución del MAS les concede. Podemos estar muy en contra de ella, pero si está en la Constitución, y si esa Constitución vale algo más que el papel en que fue redactada, supuestamente se debería respetar. Y los legisladores masistas, en lugar de enojarse, deberían estar felices por la implementación de su Constitución.

 

Pero en fin, fue especialmente la tercera modificación la que despertó la ira del diputado Martínez. De acuerdo a estudios realizados por los Ingenieros Eméritos de Cochabamba, el costo de la carretera, fijado en 320 millones de dólares, podría tener un sobreprecio de hasta 150 millones de dólares ¡como para construir dos carreteras, joder!

 

Los dirigentes, legisladores y autoridades del MAS pegaron el grito al cielo y se rasgaron las vestiduras cuando se habló de este posible sobreprecio, lo negaron rotundamente, y atribuyeron las denuncias a supuestas argucias políticas.

 

Bien, en tal caso, los senadores de la oposición optaron por una salida sabia, a saber, decidieron asumir que los masistas dicen la verdad, que el costo del proyecto es de 320 millones, y optaron por modificar la Ley, de tal forma que se autorice el uso de la cantidad de dinero que pide el oficialismo, con la condición de que cada tramo concluido de la carretera sea sujeto a una auditoria internacional (las carreteras suelen construirse por tramos, de lo que viene uno a enterarse).

 

Esa fue la razón de la furia de René Martínez ¡es que no es justo que no les dejen robar en paz! Hace más o menos un mes, el Diputado Gustavo Torrico (también del partido de Evo Morales) estuvo a punto de consumar una maleantada similar: Pretendían lotear los terrenos de la Empresa Nacional de Ferrocarriles, para venderlos supuestamente a precio de gallina muerta. En realidad el precio de gallina muerta es el que se le iba a pagar al Estado (por tanto a los bolivianos), pero las utilidades del precio real iban a parar a los bolsillos de burócratas masistas. Eso sin contar el hecho de que vendiendo esos terrenos, el sueño cochabambino de volver a tener ferrocarril se hacía humo. En una oportuna acción del Comité Cívico Femenino de Cochabamba, el Comité Interinstitucional por Cochabamba, y la brigada parlamentaria, se consiguió que Evo morales vetara la Ley, y se dejó al diputado loteador con los crespos hechos.

 

Entonces, es lógico que haya furia en las filas, la gestión de los legisladores masistas se termina, y no se les está permitiendo despedirse con un Happy Hour de los dólares, que bien merecido se lo tienen por haber sido los más sumisos y complacientes alarifes del régimen totalitario que su caudillo está construyendo en Bolivia.

 

El consejo que les doy a los avariciosos diputados, es que se concentren en la campaña de reelección de su caudillo, puesto que si consigue, como él quiere, el poder total en ambas cámaras, será más que sencillo construir carreteras con sobreprecios del 100%, o lotear terrenos del Estado a precios bajos recibiendo pagos altos. Lo único que tendrán que hacer es lo mismo que han hecho durante estos cuatro años, levantar la mano cada vez que su partido así lo ordene, sin necesidad de utilizar el cerebro para nada.

 

Roban al país y lo hunden más en la miseria pero ¿a quién le importa? La gente igual se cree eso de que “Bolivia Cambia”.


Hoybolivia.com 28 de septiembre. La economía peruana crecerá este año más cualquier otro país del mundo con porcentajes que pueden ser considerados los mayores del momento, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Según la información, Perú crecerá cuatro puntos porcentuales más que el resto del mundo y 2.5 puntos más que los demás países de América Latina, afirmó hoy la directora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ana María Rodríguez.
“En esta época de crisis a la gente le gusta ver el vaso medio vacío, pero hay que resaltar que este año el Producto Bruto Interno (PBI) va a crecer hasta dos por ciento. Perú va a crecer cuatro por ciento más que el resto del mundo y 2.5 por ciento más que América Latina.”
Explicó que eso quiere decir que el país está haciendo un trabajo extraordinario respecto al mundo entero y lo importante es utilizar esa capacidad de rebote y seguir adelante.
“Perú ha demostrado que tiene una buena política económica, que da resultados. Ahora más que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está acompañando esta política macro con el mejoramiento del crédito y cómo hacer negocios. Esto tiene que dar resultados pronto.”
Subrayó que este país ha sabido estar muy bien posicionado para enfrentar la crisis en dos sentidos: uno para recibir el golpe y otro para rebotar y recuperarse.
“El Plan de Estímulo Económico (PEE) es muy bueno, creo que los temas de los retos de gestión y cómo hacerla más eficiente es parte de la tarea que se lleva a cabo en este momento. Si vemos los indicadores, la economía peruana está saliendo adelante.”
La Corporación Andina de Fomento (CAF) y el BID anunciaron hoy la elección del consorcio integrado por Brookfield de Canadá y AC Capitales, subsidiaria de Apoyo Consultoría del Perú, como administrador del Fondo Conjunto de Inversión en Infraestructura de Perú y que estaría operativo a principios de 2010.

 
Comentario:

 
Lo que faltó en esta nota fue especificar que una de las bases esenciales de la política económica de la República del Perú ha sido la negociación intensiva de tratados de libre comercio con países cuyos mercados implican verdadera solvencia en el consumo. Hablamos de Canadá y EEUU, entre otros, y muy pronto de la Unión Europea.
Una de las características de la crisis es la contracción de los mercados de exportación, es decir, menor consumo de los productos que se venden por parte de los países consumidores. Pero al haber ampliado sus posibilidades de exportación en base a tratados de comercio, los efectos de la crisis sobre la República del Perú se limitaron a reducir dichas posibilidades, que en una situación económica estable hubieran sido mayores, pero que de todos modos, aunque menos amplias, siguen traduciéndose en nuevos mercados y posibilidades de comercio. En pocas palabras, la nueva torta es más pequeña de lo que podría haber sido sin la crisis, pero sigue siendo “nueva” y “torta”.
Por otro lado, están las políticas internas de fomento a la productividad, que se han llevado adelante con el mejoramiento de las posibilidades de créditos para los emprendimientos, y con la capacitación y el asesoramiento sobre cómo hacer negocios. Esto implica que el Estado peruano, lejos de tratar de dedicarse a ser empresario y gestor de las iniciativas productivas, lo que hace es conseguir mercados de exportación y ayudar a los individuos a aprovecharlos a través de iniciativas privadas, en base al crédito y asesoramiento. Es decir que el gobierno peruano consigue los mercados, facilita el financiamiento necesario para satisfacer las demandas de éstos, y asesora a los emprendedores para que sus iniciativas sean lo más exitosas posible.
Estos tres elementos –los mercados, el financiamiento, y el saber cómo emprender- no tendrían ningún sentido, ni posibilidades de éxito, si no fueran reforzados por claras y contundentes políticas de seguridad jurídica para las inversiones y respeto a la propiedad. De esta forma, los emprendedores se sienten seguros y protegidos por el Estado de derecho, lo que es un gran aliciente para arriesgarse a iniciar un proyecto productivo.
El gobierno peruano trata de construir un país en que los individuos tengan, de la manera más global posible, amplias oportunidades de hacer negocios, generar riqueza y crear empleos, directos e indirectos, gracias a dinámicas económicas de escala.
Estas son políticas económicas liberales para alentar la productividad y la generación de riqueza y empleos, muy alejadas del lloriqueo y victimismo tercermundista que busca encontrar a los culpables de la pobreza fuera de las fronteras nacionales, y más bien cercana al espíritu de la sociedad de individuos que aceptan desafíos y se hacen cargo de sus destinos, empeñando sus esfuerzos y talentos en busca de mejores días, y tomando las riendas de la construcción de su propio futuro, sin esperar a que otros, o que el Estado, lo construya por ellos.
Mientras tanto, Bolivia pierde mercados de exportación por causa de falsas dignidades antiimperialistas, rechaza la posibilidad de conseguir nuevos por supuestos afanes socialistas, se dedica al narcotráfico, y mira, como la cosa más normal del mundo, cómo el gobierno se hace empresario y administra la riqueza nacional en base a la ineficiencia, la corrupción, la prebenda, el nepotismo y el populismo.
Nuestras felicitaciones a la República del Perú y a su gobierno, que son un ejemplo de lo que se debe hacer, mientras nosotros, con Evo Morales, somos el ejemplo de lo que no se debe hacer, a no ser que la intención sea condenar a una sociedad a la pobreza y la precariedad.


El candidato Evo Morales, secretario ejecutivo de las seis federaciones del Trópico de Cochabamba, aquel que nunca asumió el papel de Presidente de todos los bolivianos, ha dicho “Algo raro está pasando en Bolivia. Antes los enfrentamientos eran del movimiento sin tierra o con tierra insuficiente o indígenas contra los terratenientes. (…) Ahora entre compañeros se enfrentan”

 

Lo que está pasando en el Trópico cochabambino es que los pueblos originarios –esos de verdad originarios- Yuracaré, Yuki y Trinitario moxeño, se movilizaron el año 1990 demandando del Estado boliviano el reconocimiento de sus territorios, en una marcha denominada “Por la Vida y el Territorio” (si mal no recuerdo), puesto que ese territorio en el que han vivido por más de 500 años, ya en los 80’s había sido invadido por colonizadores de otras regiones del país, buscando la cómoda y fácil vida del cultivo y venta de coca, y la ampliamente rentable actividad del narcotráfico.

 

El año 2009, es decir 19 años después, recién recibieron los títulos de su Tierra Comunitaria de Origen (TCO), habiendo cedido a los colonos cocaleros el espacio que ya habían invadido en los 80’s, con la condición de que se tracen líneas demarcatorias claras para evitar nuevos avasallamientos al territorio que el Estado les reconocía como suyo.

 

La TCO es una forma de propiedad colectiva incompleta, pues aunque no permite, ni colectiva ni mucho menos individualmente, la utilización de la tierra como recurso que posibilite préstamos para la inversión, por lo menos debería garantizar a los indígenas originarios contar con un territorio que les permita vivir como a ellos les parezca conveniente, sin que colonizadores de cualquier índole les obliguen a retroceder, condenándolos a vivir en una suerte de reservaciones. Las limitaciones de la TCO, dicho sea de paso, deberían poderse levantar a voluntad de los indígenas, puesto que probablemente títulos territoriales reales, es decir verdadera propiedad privada, les permitirían realizar emprendimientos productivos reales, evitando que tengan que sobrevivir, que no es lo mismo que vivir.

 

En fin, el tema es que después de muchos años de espera, y de la gradual reducción de sus territorios por las colonizaciones, el Estado se los reconoce a través de esta incompleta figura propietaria, pero no les garantiza de ninguna forma el establecimiento de mecanismos que protejan su propiedad y sus vidas contra nuevas colonizaciones. No les garantiza que la “sagrada” hoja de coca no los vaya a expulsar de las tierras en las que vivieron durante siglos.

 

El nuevo avasallamiento contra el Isiboro Sécure, la nueva reducción del territorio de los indígenas, ya se venía gestando desde hace aproximadamente un año. En varias ocasiones los originarios alertaron al gobierno de Morales del hecho, y en algunas tuvieron que convencer, título de TCO en mano, a los cocaleros, de que desistan de su invasión. Pero los chaqueos y los cultivos de coca se instalaron a sus espaldas, y finalmente, hace algunos días, sucedió lo que muy fácilmente se hubiera podido evitar, hubo un enfrentamiento entre los originarios que defienden un territorio reconocido como suyo constitucionalmente, y los colonizadores ávidos de incrementar sus sembradíos de la “sagrada” hoja.

 

Entonces ¿qué es ese “Algo raro” del que habla Evo Morales? Lo único “raro” en el comportamiento de una autoridad seria, pero común en las declaraciones de la gente del gobierno, es el cinismo con el que hacen declaraciones tan estúpidas.

 

Están pasando dos cosas muy normales y nada “raras”, a saber, por un lado, que los indígenas exigen que los títulos de TCO que se les dieron valgan mucho más que el papel en que se los redactó, que el Estado haga respetar sus derechos -por más limitados que fueran-, y que este gobierno, como debería hacerlo cualquier otro, asuma con mayor seriedad el cumplimiento de la ley, y la protección de los derechos y libertades; por otro lado, también está pasando que Evo Morales -ese que cree que pasa “Algo raro”-, está cosechando los frutos de ser el presidente de sus amigotes, de ejercer el poder sólo para sus preferidos, y de convertir el territorio boliviano en un paraíso del narcotráfico, la intolerancia y la ley del más fuerte, como lo hiciera García Meza en su nefasta dictadura de los 80’s.

 

Esto es lo que pasa señor Evo Morales, candidato presidencial por el MAS y ejecutivo de los cocaleros: Los indígenas originarios, igual que cualquier individuo que aspira a un mínimo de certidumbre, exigen que las leyes se respeten, es decir Estado de Derecho; y los colonizadores exigen que las preferencias y licencias pro narcotráfico, y pro incumplimiento de la ley, que usted le ha otorgado a algunos, sean para todos. Eso es su “Algo raro” señor candidato.


Si un ex presidente depuesto, que considera que se le hizo un golpe de Estado (yo afirmo que no lo fue, en base a la Constitución hondureña, ver La constitución hondureña y su aplicación en la salida de Zelaya.pdf), clama, desde el exterior y desde todos los foros internacionales, por que se estrangule económicamente a su sociedad, y se arriesga a regresar clandestinamente a su país, impulsando la posibilidad de un enfrentamiento entre las fuerzas del orden y sus simpatizantes, con la probable consecuencia de derramamientos de sangre ¿debemos suponer que es una auténtica forma de expresar cariño y respeto por su pueblo?

Manuel Zelaya, apoyado, sorprendentemente, por dictadores, autócratas, autoritarios y demócratas, ha conseguido para su país, a plan de intensas rogativas y lobbies, la suspensión de un sinnúmero de fondos de cooperación, y la generación de un clima próximo al enfrentamiento. De nada le ha servido a Honduras la constatación de que toda su institucionalidad democrática sigue en pie, que ésta declara la constitucionalidad de la destitución, y manifiesta, a través de la confirmación de elecciones en noviembre, que no tiene ningún interés en que el Presidente Micheletti conserve el poder ni un minuto más del necesario para concluir la gestión y entregarla a un nuevo gobierno elegido en las urnas.

Si en Honduras se ha instalado un régimen dictatorial, como arguye gran parte de la opinión pública internacional ¿por qué no ha recibido el apoyo de regímenes dictatoriales como los de Cuba, Irán, Corea del Norte u otros?, y si en realidad es una régimen autoritario ¿por qué los caudillos y candidatos a tiranos como Hugo Chávez, Evo Morales, o Rafael Correa no simpatizan con él?, y al ser un régimen fruto de la puesta en práctica de sus propios preceptos constitucionales ¿por qué los regímenes democráticos también están en su contra?, ¿por qué Honduras está sola y asediada por los buenos, los malos y los feos?.

Todos los países del mundo, o al menos los que se han manifestado, se han unido para decidir, en lugar de las instituciones y ciudadanos hondureños, lo que es correcto para Honduras y lo que deberían hacer esas instituciones y esos ciudadanos. Es escenario mundial, frente al problema hondureño, se parece mucho a una comunidad internacional colectivista, que ignora lo que un Estado pueda esgrimir para explicar y justificar sus acciones institucionales, y se encierra en sus propios criterios y opiniones, tratando, a toda costa y por todos los medios, de imponer a Honduras sus criterios particulares. La estrategia es: todos contra Honduras.

De los autócratas y dictadores como los Castro, los Chávez, los Morales y otros, no podríamos esperar nada mejor, por lo que las posibles consecuencias de la actitud arbitraria, descabellada e irracional, que ha asumido la comunidad internacional contra la República de Honduras, será principalmente responsabilidad de los países libres y democráticos, que han jugado un papel represor, lado a lado con los totalitarios, contra los ciudadanos hondureños.

Sobre Zelaya ¿qué se puede decir? El tipo se parece a la falsa madre que, con tal de no entregar el bebé a la auténtica, estuvo dispuesta a que se lo partiera en dos.



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