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Consenso Cubano condena el brutal sistema carcelario cubano cuya última víctima ha sido Orlando Zapata Tamayo, muerto el pasado 23 de febrero. Su integridad física era plena responsabilidad de sus custodios quienes lo sometieron sistemáticamente a tratos crueles, inhumanos y degradantes, práctica común en todo el sistema carcelario cubano.

Hacemos llegar toda nuestra solidaridad a su madre Reina Luisa Tamayo Danger quien hoy siente la indescriptible tristeza de perder a un hijo, pero seguramente también la convicción de que ha entregado a la Patria uno de sus mártires.

Teniendo presente que en este momento hay otros presos políticos en muy delicado estado de salud y ante la demostrada voluntad del gobierno cubano de dejarlos morir como acaba de hacer con Orlando Zapata Tamayo, Consenso Cubano exige:

1) La libertad inmediata e incondicional de todos los presos políticos.

2) El cese inmediato de los llamados “actos de repudio” y del empleo de otras acciones violentas contra opositores y disidentes políticos, asi como de la utilización que para ello se hace de grupos parapoliciales como son las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida.

3) La inmediata inspección de las cárceles cubanas por el relator especial de Naciones Unidas al que el gobierno cubano no le ha dado acceso hasta el presente a esas instalaciones.

4) La aplicación inmediata de las “Reglas Mínimas” y los “Principios Básicos” para el tratamiento de los reclusos de Naciones Unidas, de manera que cesen los abusos y las violaciones de los derechos de la población penal y los tratos inhumanos, crueles y degradantes que hoy sufren todos los presos políticos y comunes.

Hoy se cumplen dos años del inicio oficial del mandato de Raúl Castro. A pesar de los gestos positivos que han tenido la comunidad internacional hacia su gobierno, la respuesta ha sido: inmovilismo y represión.

 Miami, 24 de Febrero de 2010


Por Pilar Rahola - Entrevista en el diario La Gaceta de Tucumán.

 

La reconocida periodista española Pilar Rahola critica duramente el coqueteo de Cristina Fernández de Kirchner con el chavismo y cuestiona la hipocresía y las contradicciones de la izquierda. A la vez, advierte sobre los peligros que enfrenta el mundo con un país como Irán, que está desembarcando en América latina y que está a punto de construir la bomba atómica.

 

El ganador del premio Pulitzer, Andrés Oppenheimer, define a Pilar Rahola como una de las periodistas más valientes del mundo. Pilar es una cronista de guerra que vive acostumbrada a las amenazas, una pensadora políticamente incorregible. Es de izquierda pero anticastrista y antichavista; critica a Saramago y defiende a Israel. Recién llegada a Buenos Aires, fue entrevistada por LA GACETA Literaria (Tucumán, Argentina,12 julio 2009).

 

La Argentina acaba de celebrar elecciones legislativas que han cambiado su mapa político. ¿Qué percibió durante estos días en que estuvo en Buenos Aires?

 

Estoy tratando de tomarle el pulso a la Argentina porque creo que es el termómetro del continente. El país tiene una sociedad civil muy activa pero, a veces, parece dormida. Por momentos, Argentina parece bipolar porque del pensamiento crítico más feroz se pasa a permitir los abusos políticos más extraordinarios. A la Argentina el pasado parece pesarle mucho, y el futuro preocuparle poco, mientras vive en un presente demasiado traumatizado. Creo que al pasado hay que recordarlo pero sin descuidar ni dejar de pensar en el presente ni en el futuro. En la actualidad, lo que percibo es que está atravesando uno de los momentos políticos más desconcertantes de los últimos años, con unos gobernantes que parecen autistas, desconectados de la gente y sus problemas. No cometen más errores porque no se entrenan y los argentinos están perdiendo la oportunidad de ser un país muy importante. No es posible que un pequeño país como Chile tenga más peso geopolítico que la Argentina , ni que tenga una presidente con el 74% de aceptación pública, que contrasta con su vecina. La derrota en las elecciones indica que se han cometido todos los errores de manual. Cristina Kirchner, la mujer comprometida socialmente, que hablaba de cambiar el rumbo, se ha convertido en una esperanza rota.

 

Julio María Sanguinetti, en una entrevista publicada en LA GACETA Literaria el domingo pasado, afirmó que la izquierda en general no es democrática. El ex presidente uruguayo prologó su último libro y dijo que usted era auténticamente de izquierda. ¿Cómo se lleva con la democracia?

 

Sanguinetti tiene razón en algo fundamental: ninguna ideología se escapa de los procesos autoritarios. Una parte de la izquierda hizo creer que solamente la derecha tiene monstruos en su interior. Monstruos que iban desde Pinochet y Videla hasta Hitler. La derecha tiene monstruos pero la izquierda también los posee, y van de Castro a Pol Pot o Stalin.

Me llevo bien conmigo misma porque soy una librepensadora. Y eso significa que me mantengo en mi territorio de dudas y no entro al terreno de los dogmas de fe. Cuando una ideología entra dentro de ese territorio se convierte en perversa y reaccionaria. En la derecha ocurre ese fenómeno; en la izquierda también. Lo que ocurre es que la izquierda es la que hace más ruido, en las calles, con sus pancartas y consignas. La izquierda que grita más es, generalmente, la peor: es la que suele perder el sentido común, apoyando a gobiernos totalitarios, celebrando actos terroristas como los del 11 de setiembre, convirtiéndose en una verdadera caricatura. Lo que me repugna es que en nombre de la justicia social y de la libertad, de todo lo que yo defiendo, se aclame a hombres brutales que atentan contra esos ideales. Un ejemplo de estas contradicciones es el fenómeno de Hugo Chávez y de tantos “Chavitos”, como los que pueden encontrarse en la Argentina. Chávez utiliza la democracia para destruir la democracia, desmantelando minuciosamente sus instituciones, y tiene un proyecto imperial con sus aliados de Corea del Norte, Libia e Irán. Que este hombre diga que es de izquierda, me molesta. Pero que apele a la libertad, me enfada profundamente. He militado en partidos de izquierda y peleo por conceptos de la izquierda pero no salgo del campo de juego. El campo de juego es el que delimitan la Carta de Derechos Humanos, la libertad y la democracia.

 

En el programa de Mirtha Legrand, en el que estuvo este martes, dijo que muchos de los grandes intelectuales de izquierda están sobredimensionados, algo que no sucede con los de derecha. ¿Por qué ocurre esto?

 

Por ejemplo, Samuel Huntington habla del choque de civilizaciones y se hunde. No es recomendado en ninguna cátedra universitaria ni es tenido en cuenta en casi ningún ámbito del mundo intelectual. Y eso ocurre porque es de derecha. En cambio, los intelectuales de izquierda que dicen las mayores barbaridades son siempre impunes. Un ejemplo claro es el premio Nobel José Saramago, que escribió a favor de Stalin y en contra de la caída del muro de Berlín, que sigue defendiendo a Castro y que integró las listas del jurásico partido comunista portugués en las últimas elecciones. ¿Cómo alguien puede equivocarse tanto y tener tanto prestigio? Eso ocurre porque se sobreentiende que un intelectual de izquierda es bueno. La izquierda monopoliza el prestigio intelectual. Hay que romper el mito que asocia a la izquierda con la pureza. Hay intelectuales de derecha que han ayudado a mejorar el mundo y otros de izquierda que han contribuido a empeorarlo y viceversa. Como yo no me caso con nadie puedo juzgar con libertad.

 

El mundo ha condenado, en forma casi unánime, el golpe de Honduras, aglutinando a figuras que van desde Castro y Obama hasta Chávez y Uribe. Algunas voces aisladas como la del Wall Street Journal, o la de intelectuales como Carlos Alberto Montaner desde el Washington Post, justificaron el derrocamiento y plantearon que se está juzgando la situación con pautas extemporáneas. ¿Cuál es su opinión?

 

Creo que cualquier golpe de Estado debe ser condenado. El actual gobierno de Honduras tomó el peor de los caminos; se equivocó. Pero de ahí a convertir a Zelaya en un santo hay un abismo. Pienso que se trató de un contragolpe a quien quebraba las leyes, gobernaba de espaldas a la sociedad e intentaba convertir a su país en un satélite de Chávez. Zelaya intentó un golpe de estado “blando”: el que consiste en socavar la democracia desde la democracia, replicando lo que se hace en Venezuela y en Bolivia. Lo notable de Zelaya es que violó la Constitución y ahora apela a ella para volver a su cargo. Criticó a Estados Unidos y ahora va corriendo a ver a Hillary Clinton. Forma parte de la lógica, o la contradicción, populista. Lo que yo le preguntaría a Cristina Kirchner, que viaja en el avión con Correa a denunciar el golpe, es dónde estaba antes. ¿Dónde estaba Cristina cuando Zelaya desmantelaba la libertad en Honduras? ¿Por qué se paseaba de la mano de Castro? Argentina está cada vez más cerca de Chávez y cada vez más lejos del sentido común. Lula, Bachelet, Tabaré Vázquez no viajaron.

 

En un artículo publicado esta semana en el diario La Vanguardia usted denuncia un proceso colonizador del gobierno iraní y de miembros del Hezbollah en América latina, con el apoyo de Chávez y Castro. ¿En qué consiste ese “proceso” y cuán grave es?

 

Chávez ha construido la “pista de aterrizaje” para Irán en Latinoamérica. Hay contratos económicos y militares entre iraníes y países del ALBA, pueblos islamizados, fábricas montadas, alta presencia de miembros del Hezbollah. Hay fuentes que indican que el 50% de la financiación de Hezbollah viene de la Triple frontera. La penetración iraní en América latina es muy preocupante. Es lo único que le falta al continente; que se plante la bandera del chiismo radical.

El peligro iraní

 

¿Cómo cree que evolucionará la situación en Irán?

 

Las elecciones iraníes son una gran mentira: solamente se presentan los candidatos permitidos por el consejo de los ayatollas. Irán tiene un régimen brutal y enormemente rico. Pero también es el país que tiene la sociedad civil más organizada, capaz de quebrar al régimen, aunque eso implique muchas muertes. Irán, por su gobierno, es el país más temible del mundo islámico en Medio Oriente; pero también, por sus ciudadanos, es el que genera más esperanzas.

 

El problema es que toda Europa está seducida con los petrodólares iraníes. ¿Por qué no convertimos a Irán en la nueva Sudáfrica ? El mundo condenó el apartheid contra los negros. ¿Por qué entonces permitimos el apartheid contra las mujeres, los estudiantes y los que aman la libertad?

 

¿Cree que Obama aplica un doble standard en la situación de Irán respecto de la de Honduras?

 

Pienso que Obama está tan preocupado por gustar que le dice a cada uno lo que quiere oír.

 

Usted dijo que él era un populista en un artículo reciente.

 

Sí, creo que tiene una tendencia al populismo. A pesar de eso, valoro sus esfuerzos por poner palabras donde antes había armas. Sin dudas ese es el camino. Pero Obama no tiene mucho tiempo. Puede hacerse el simpático unos meses más pero, a partir de diciembre, el proceso nuclear iraní no tendrá marcha atrás. Al mundo le queda muy poco tiempo para parar el surgimiento de un nuevo régimen totalitario con armas nucleares. La administración norteamericana lo sabe bien, como también que en algún momento debe plantarse, dejando de lado la política de “buenos amigos”. Y no me refiero a hacer la guerra, que sería una barbaridad que no solucionaría nada. Me refiero a un boicot económico y político que haga daño al gobierno de los ayatollas. Eso es lo que pide a gritos la ciudadanía iraní: que Estados Unidos rectifique la pasividad actual.

 

¿Piensa que si EE.UU. no la rectifica, Israel bombardeará a Irán?

 

Hay una frase en la Biblia : “si tu enemigo dice que quiere destruirte, debes creerlo”. ¿Por qué no habríamos de creerle a Irán cuando dice que hay que borrar a Israel de la faz de la Tierra?

 

Los fundamentalistas no mienten: cumplen todas sus amenazas. Cuando Bin Laden, después del 11 de setiembre, señaló a España diciendo “ahora Al-Andaluz”, era evidente que sufriríamos un atentado terrorista. Irán es un país que hizo atentados en otros países, como lo saben bien los argentinos por sufrirlo en carne propia.
Cuando Hitler dijo que iba a hacer desaparecer a los judíos de Europa, había que creerle. Casi lo consigue al convertir en humo a dos tercios de los judíos europeos. Si Irán llega a tener capacidad nuclear, el mundo tendrá un riesgo enorme.

 

El futuro de Medio Oriente

 

“La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saberlo, es la lucha del mundo”, dijo en una conferencia que dio en Washington el año pasado. ¿Recibe muchas críticas por la defensa que hace de Israel?

 

Gran parte de la izquierda ha simplificado el conflicto palestino-israelí en un esquema de “buenos y malos”, “víctimas y verdugos”, desconociendo la mano de Irán, Siria y los yihadistas, de los palestinos que reprimen a otros palestinos, de los totalitarios que quieren masacrar en nombre de Alá. Claro que en el lado israelí también hay responsabilidad que debe ser criticada. Pero el conjunto debe analizarse contemplando su complejidad. Lo que ocurre es que hay un sector de la izquierda que, habiendo perdido las utopías, ha sustituido la boina del Che Guevara por la kefia palestina. Que me critique esta izquierda, que defiende ideas totalitarias, es un honor. Lo que me preocupa es la contaminación de tantos cerebros jóvenes, que no saben nada sobre el conflicto, que no se hicieron ninguna pregunta y creen que tienen todas las respuestas, que creen que son solidarios criticando a Israel. No se dan cuenta que Israel es adversario de los palestinos pero no su enemigo. El enemigo es Hamas. Con Hamas y Hezbollah no hay futuro. Hezbollah es una agrupación que pone trozos de carne humana en sus banderas. Su líder envió a su propio hijo a morir. Se puede salir a la calle y protestar contra la incursión israelí en Gaza pero también debe criticarse a Hamas. No balancear el conflicto no es ayudar a la paz: es ayudar a la muerte. Palestinos e israelíes pueden negociar duramente pero en esos intercambios hay futuro. Eso es lo que defiendo y lo que me ha valido amenazas de muerte. La policía me cuida pero sé que es el precio que debemos pagar los que no queremos formar parte de los dogmas de fe de un mundo virulento. Lo que me irrita no son los ataques de los fundamentalistas, porque son coherentes, sino los de los que me insultan y dicen defender la libertad. También recibo muchísimo apoyo porque el sentido común, afortunadamente, es mayoritario.

 

Usted conoce muy bien Medio Oriente. ¿Cómo imagina el futuro de la región?

 

El petróleo es un arma de destrucción masiva: es lo que da el dinero para montar las mayores atrocidades. Si no superamos la era del petróleo, no habrá libertades en Medio Oriente. Si no las hay, no frenaremos el fenómeno yihadista. Si no lo paramos, no habrá paz en Medio Oriente. Se trata de una cadena. Todo el mundo libre depende de un modelo de vida que da miles de millones de dólares a dictaduras atroces que lo utilizan para esclavizar a sus pueblos y fomentar el terrorismo. Esto se acabará el día en que el petróleo no sea la clave económica del mundo. Lo dramático es que toda esa riqueza no sirvió para nada. En los últimos 70 años todo el dinero de ese petróleo no ha dado un solo premio Nobel en todos los países islámicos de Medio Oriente. En cambio, en las mismas seis décadas, un pequeño país de siete millones de habitantes, como es Israel, generó muchísimos Nobel. No olvidemos que hace un tiempo Mohamar Kadafi dijo: “ustedes tienen la bomba atómica pero nosotros tenemos la bomba demográfica”. Ahora quieren tener las dos.

 

¿Qué papel cree que debería jugar Estados Unidos en Medio Oriente?

 

Europa critica permanentemente a EE.UU. pero lo cierto es que los únicos que se han metido en el barro son los norteamericanos, los que sentaron a palestinos e israelíes en Camp David y en Oslo para resolver el problema. EE.UU. es aliado de Israel pero también es el mayor donante de dinero a la Autoridad palestina. Creo que los norteamericanos deben seguir metiéndose pero, de todos modos, soy pesimista. Por más buenas intenciones que tengan los norteamericanos, los israelíes y un líder que me gusta como Mahmud Abbas, temo que Teherán dinamitará cualquier eventual acuerdo con la ayuda de Hamas, cuyo propósito fundacional es la destrucción de Israel. Me parece que no estamos cerca de la paz.

 

El pluralismo y la muerte

 

Desde su perspectiva, ¿hay culturas superiores o todas son moralmente equivalentes, como sostiene la mayor parte del progresismo?

 

Hay una cultura superior y es la del derecho. No creo en choques de civilizaciones sino en un choque entre la civilización y la barbarie. El bárbaro es el que en nombre de una ideología mata, secuestra, tortura. El civilizado es el que lucha contra eso. En el Islam los civilizados son las mujeres que luchan por sus derechos, los ciudadanos que pelean por la participación en la vida pública, los escritores que alzan su voz contra la tiranía yihadista. Los bárbaros son los que persiguen a los disidentes, esclavizan a las mujeres, amenazan al mundo. Hay una forma superior de ver al mundo y es la que refleja la Carta de Derechos Humanos. No creo en las teorías de Huntington o de Oriana Fallaci que estiman que Occidente es superior a Oriente. En Occidente engendramos monstruos terribles y el Islam ha dado grandes pensadores. Pero lo que sí creo es que el fenómeno totalitario es brutalmente inferior al democrático. Yo estoy del lado de las mujeres lapidadas, de los que luchan por las libertades en las calles de Teherán o en cualquier lado; y me importa poco que sean musulmanes, católicos, judíos, ateos o bailarines de flamenco.

 

Fue cronista de guerra en varios conflictos. ¿Cuál es la mayor marca que le han dejado?

 

Las guerras te cambian. En cada vuelta a mí país, pasé más de un mes sin entenderlo. No puedes creer que tus conciudadanos pierden su tiempo en tonterías mientras tu tienes el alma colgando en una percha.
La imagen más nítida de todas las guerras que viví me quedó grabada en Africa, en las montañas de Etiopía, en medio de un conflicto que, como todos los africanos, fue anónimo y pasó inadvertido para todo el mundo. Es la imagen de una madre etíope acunando a un niño que llevaba dos horas muerto. Le pregunté a una persona que la conocía si no le iban a sacar el niño de sus brazos y me contestó: “la muerte en Africa tiene su tiempo”.


Escrito por H. C. F. Mansilla

 

Los estudios que analizan los procesos sociales de cambio son, por supuesto, indispensables para entender el desarrollo histórico de una comunidad. Igualmente importantes son los enfoques que tratan de esclarecer la continuidad de modelos y pautas de comportamiento a través de los intentos acelerados y premeditados de reforma social. Grandes pensadores, como Alexis de Tocqueville, Max Weber y Octavio Paz, han consagrado sus esfuerzos a explicar aquellas tendencias culturales de larga data que permanecen vigentes pese al surgimiento de fenómenos políticos dramáticos, pero de consecuencias ambivalentes. Hay que señalar que la esfera cultural es mucho más reacia al cambio que el terreno de lo técnico: en las ciencias sociales se conoce ampliamente este fenómeno de la inercia histórica de los hábitos culturales. Por ello en el campo de las prácticas cotidianas y algo menos en el área institucional es donde la mentalidad tradicional —la que sobrevive, por ejemplo, a la globalización y la importación de la tecnología— se percibe más agudamente, y donde sus efectos son más perniciosos.

 

La cultura del autoritarismo, el paternalismo y el centralismo representa hasta hoy uno de los pilares más sólidos e inalterables de la mentalidad colectiva boliviana, y esta cultura no ha cambiado gran cosa desde el último periodo de la era colonial. A esto hay que agregar que estos factores estaban inmersos también en las civilizaciones indígenas prehispánicas, sobre todo en el Imperio Incaico. En cuanto fenómeno histórico de larga duración, la colonia española aprovechó y revigorizó elementos importantes de la cultura política incaica. Los que protestan ahora de manera vehemente contra el colonialismo español reproducen a menudo sus valores de orientación y sus pautas de comportamiento. Por motivos comprensibles, que tienen que ver con la identidad nacional en sentido enfático, esta temática todavía no ha sido estudiada y analizada como se merece por las ciencias sociales bolivianas.

 

Lo que llama la atención a partir de enero del 2006 es la intensificación del carácter conservador de las prácticas políticas del Gobierno y de los grupos que lo apoyan. Conservador en sentido de rutinario y convencional, provinciano y pueblerino y, ante todo, autoritario, paternalista y prebendalista. Es obvio que esta constelación no fue creada por el régimen actual, pero sí legitimada y exacerbada. Para ello no se necesita mucho esfuerzo creativo intelectual, sino la utilización adecuada y metódica de la astucia cotidiana. El accionar del Gobierno ha sido facilitado por una mentalidad colectiva que, en líneas generales, tiende a la reproducción de comportamientos anteriores, muchos de ellos de carácter verticalista. Por ello se explica la facilidad con que se imponen el voto consigna, el caudillismo personal del Gran Hermano y la intolerancia hacia los que piensan de manera diferente. Hay que señalar que esta atmósfera general de autoritarismo práctico es fomentada también por la carencia de una conciencia crítica de peso social, por el nivel educativo e intelectual muy modesto de la población y por la existencia de un sistema universitario consagrado a un saber memorístico y convencional, muy lejano de la investigación científica. Aquí se puede cambiar el nombre del país mediante un decreto supremo sin que se presente ninguna oposición seria y sin que los sectores intelectuales articulen ninguna protesta de relevancia social.

 

Estos fenómenos habían sido mitigados durante la era de la democracia liberal (1985-2005), pero ahora se nota que el pluralismo y el Estado de derecho eran sólo un barniz delgado y efímero. La ruralización de la vida significa también la pérdida de la urbanidad en el trato social, el descuido de los derechos de terceros, la declinación de la proporcionalidad de los medios y del principio de plausibilidad, la simplificación forzada de procesos complejos, la expansión de un abierto cinismo desde esferas oficiales y la reaparición de formas elementales y hasta primitivas de hacer trabajo político, todo ello bajo el engañoso renacimiento de lo autóctono. Para decirlo claramente: se experimenta una caída civilizatoria, un descenso del nivel cultural que se había conseguido laboriosamente en las últimas décadas.

 

En el fondo es una tendencia a la desinstitucionalización de todas las actividades estatales y administrativas. No es casualidad que de modo paralelo se promueva la economía informal, aunque sectores importantes de la misma se encuentran cerca de lo ilegal-delictivo y no fomentan una modernización racional de la economía boliviana. Este populismo práctico-pragmático brinda considerables réditos políticos, como ya lo demostró la Revolución Nacional de 1952.

 

Los últimos años en Bolivia han visto la intensificación de fenómenos de vieja data, fenómenos que ahora adquieren el barniz de lo progresista y adecuado al tiempo. Como corolario se puede afirmar que este proceso significa en realidad la supremacía de las habilidades tácticas sobre la reflexión intelectual creadora, la victoria de la maniobra tradicional por encima de las concepciones de largo aliento y el triunfo de la astucia sobre la inteligencia.

 

H. C. F. Mansilla es doctor en filosofía.


No se debe (porque de poder, se puede, y ya lo ha hecho el gobierno) acusar a las personas, y maltratar su dignidad e imagen, sin las suficientes y contundentes pruebas. Gustavo Torrico afirma que “para el gobierno ya está bien claro” quiénes financiaban o estaban involucrados en la formación de un grupo irregular en Santa Cruz. Pues para nosotros, eso, no está aún nada claro, y mientras más declaraciones hace el gobierno al respecto, lo único que se aclara es que parecen estar desesperados por incriminar a instituciones y personalidades principales de Santa Cruz. Nosotros, a diferencia del gobierno, no podemos afirmar seguridades respecto del caso en cuestión, pero podemos declarar que nos parece, al menos sugestivo, que lo único que se tenga sean declaraciones de supuestos testigos, y que coincidentemente dichas declaraciones apunten a los evidentes blancos principales del gobierno contra Santa Cruz.

El Presidente de la Cámara de Senadores, Oscar Ortiz, tiene  toda la razón al exigir pruebas que sustenten las incriminaciones que se están asegurando contra (copia textual de Los Tiempos): “Rubén Costas, Prefecto de Santa Cruz; Branko Marinkovic, ex presidente del Comité pro Santa Cruz; Pedro Yovhío, presidente de la Federación de Empresarios Privados; Guido Nayar, vicepresidente del Comité pro Santa Cruz; Mauricio Roca, presidente de la Cámara de Industria y Comercio; Juan Kudelka Zallez, gerente de markerting de la aceitera IOL; Lucio Áñez, general retirado, y a los ex gerentes cívicos Lorgio Balcázar Arroyo y Mario Bruno, entre otros dirigentes, autoridades y empresarios”.

¿Es que basta con la declaración de cualquier mortal para incriminar y tener (como dice Torrico) las “cosas claras” respecto de un asunto tan serio? Por acusaciones más banales se requieren más pruebas que una simple declaración. Huellas digitales, grabaciones claras (no la payasada inaudible que utilizaron para apoyar la tesis del magnicidio), firmas, movimientos bancarios, etc. y aún todo eso se puede falsificar. Entonces, para hacer acusaciones tan graves, hay que ser irresponsable o desesperado (como siempre, descartamos la estupidez) para no contar con sólidos respaldos. Porque si de declaraciones se trata, por la cantidad de dinero y/o las promesas (o las torturas) apropiadas, podemos conseguir gente que acuse a los más disímiles personajes de los más variados crímenes.

Finalmente, esta investigación a llegado a un punto en el que no tendrá ninguna credibilidad si no participan INTERPOL y organismos expertos de países desarrollados, de esos que acusan a la gente porque cuentan con evidencia incontrovertible, absolutamente distinta al “dice que dijo” en el que se quiere basar el gobierno.

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Por: Andrés Solíz Rada

El país está dejando atrás los esfuerzos de 183 años, llenos de luces y sombras, por construir un Estado Nacional aún in constituido, para dar paso a un Estado plurinacional, que reconoce a 36 naciones indígenas. Tal reconocimiento no obedece a demandas de la sociedad. Nadie presenció alguna manifestación callejera o concentración campesina en la que se coreara la consigna “Viva las 36 naciones”. En la guerra del agua de 2000, la muchedumbre enfrentó en Cochabamba a las fuerzas represivas al grito “El Pueblo Unido Jamás Será Vencido”. En la guerra del gas, de 2003, cuyo núcleo fue la ciudad de El Alto y que culminó con la caída del neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada (GSL), se venció bajo la consigna “El Alto de Pie, Nunca de Rodillas”. En ambos sucesos, la presencia de banderas bolivianas fue abrumadora.

Si alguien hubiera gritado en Cochabamba “Viva los quechuas, abajo los mestizos”, o en El Alto “Los aymaras de pie, los cholos de rodillas”, habría sido tomado por loco. La Nueva Constitución Política del Estado (NCPE) es un producto exógeno, oxigenado por millonarios desembolsos de ONG, las que abonaron la disgregación nacional bajo la excusa de legítimas reivindicaciones culturales (Convenio 169 de la OIT, de 1990 y Resolución de la Asamblea de la ONU de 2008). Las culturas indígenas influyeron fuertemente en la sociedad boliviana. La religión católica abandonó la ortodoxia para acuñar cultos a vírgenes mestizas, la medicina occidental se mezcló con recetas tradicionales, al igual que los mejunjes surgidos en la comida casera. El folklore se enriqueció con creaciones indo mestizas, que combinaron inspiraciones del cholaje con acordes precolombinos.

Las uniones legales y extra legales fortalecieron la porosidad social y lograron que la presencia morena en universidades, cargos públicos, Fuerzas Armadas o Policía se tornara creciente. Esta es la línea que debió profundizarse. Evo Morales ha usado el castellano para erradicar el analfabetismo, lo que demuestra que la casi totalidad de la población boliviana habla este idioma. Las ONG dicen que la justicia comunitaria se mantuvo por la ausencia del Estado en poblaciones aisladas. Lo obvio era garantizar esa presencia en vez de imponer, como ocurre ahora, el desbarajuste de 36 “justicias” contradictorias.

Los defensores del caos aducen que no permitirán que la casta criollo-mestiza, continúe con la opresión de los 500 años. Esta es una dulce melodía para los agentes del poder mundial que esperan apoderarse de los territorios indígenas, la biodiversidad y los recursos naturales que contienen. Similar sentimiento es compartido por terratenientes y separatistas de la “media luna”, que exigen convertir a Bolivia en Estado federal bi nacional. Los oligarcas racistas y neoliberales que pululan especialmente en barrios residenciales, que despreciaron a Felipe Quispe y Remedios Loza, a Carlos Palenque y Max Fernández (sus abuelos repudiaron a Isidoro Belzu y Andrés de Santa Cruz y Calahumana), se sienten justificados por el fundamentalismo indígena.

El éxito de separatistas y plurinacionales se asienta en el odio, el caos y el descontrol social. La masacre de campesinos en Pando y la humillación de indígenas en Sucre coexisten con linchamientos impunes, asaltos y cercos al Parlamento, observados por la Policía a prudente distancia. La corrupción alcanza ahora a dirigentes de movimientos sociales empeñados en recaudar fondos para sus organizaciones. La producción de cocaína está en auge. La guerra entre pobres también se acentúa. Cooperativas mineras, formadas por indígenas, son asaltadas por otros indígenas. El odio racial está a flor de piel. El Estado plurinacional avanza incontenible. Pese a todo, se necesita usar los escasos resquicios de la NCPE para seguir buscando la unidad nacional.


Editorial de “Los Tiempos” del sábado 28 de marzo de 2009.

“Eres masista o fascista, no hay otra”

“Ha llegado la hora de las definiciones”. “…si no son oficialistas, entonces son de la oposición, son de la derecha, son racistas y fascistas”. “Eres masista o eres fascista, no hay otra. Hay que definirse para defender este proceso revolucionario en el país”.

Esas son algunas de las frases con que el Presidente del “Estado Plurinacional”, conminó a una multitud de campesinos que fueron reunidos en uno de los actos con los que el Movimiento al Socialismo conmemoró el decimocuarto aniversario de su fundación. Fue un discurso que tuvo la virtud de aclarar una vez más, por si todavía fuera necesario, cuál es la lógica que guía los actos de quienes hoy tienen en sus manos la conducción de la “revolución democrática y cultural”.

Se trata, como es fácil comprobar, de una lógica en la que cada vez tienen menos cabida las visiones críticas, las dudas, los matices. “Están conmigo o contra mí” es la idea central, lo que lleva implícita una amenaza a todos quienes por razones ideológicas, éticas o simplemente prácticas, no estén dispuestos a apoyar sin cuestionamientos las directrices impartidas por la élite burocrática que se ha apoderado del MAS y, a través de él, del Gobierno nacional.

Los términos drásticos y tajantes de las palabras de Morales tienen especial relevancia por las circunstancias en que fueron pronunciadas. Es que, como nunca antes, las manifestaciones de disconformidad con la manera como está siendo conducido el MAS y su “proceso de cambio” ya no sólo provienen de quienes no se sienten identificados con ese proyecto político, sino también desde sus propias filas.

Las voces de protesta por la expropiación del MAS, que de haber sido patrimonio de las organizaciones populares que hace 14 años le dieron vida, ha pasado a ser instrumento al servicio de una élite burocrática que nada tuvo que ver con su proceso de gestación y desarrollo, son cada vez más frecuentes.

La manera como dirigentes campesinos y de otros sectores populares que durante los últimos tres años han sido reducidos a la condición de simples “bloqueadores” o “cercadores”, a “mandar obedeciendo”, mientras el Gobierno ha sido entregado a individuos que nunca formaron parte del MAS, es uno de los muchos motivos de descontento.

Otra de las vertientes que está sumida en profundas dudas sobre las implicaciones éticas de su compromiso con el actual régimen y muchos de sus actos es la integrada por intelectuales y profesionales de larga trayectoria en la izquierda nacional, hoy desplazados por vulgares delincuentes que impunemente saquean el patrimonio nacional. Se puede pues suponer que es también a esas personas que está dirigida la conminación hecha para que se definan en términos inequívocos. Son ellos quienes ahora tienen la palabra.



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