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El sábado 1 de agosto, en esta misma sección (Puntos de Vista de Los Tiempos), mi amigo Henry Pinto publicó una columna titulada “Los tiempos de la transición institucional”, en la que afirmaba, respecto de los cuestionamientos contra la idea de que Evo Morales designe a los miembros faltantes del Poder Judicial que “si bien es cierto que puede ser muy cuestionable el hecho de que estas acefalías sean cubiertas por una decisión del Ejecutivo, empero, la gente debe comprender que estamos viviendo un periodo excepcional de transición política, donde las instituciones, la gente y los instrumentos legales deben ajustarse a esta realidad y comprender que por encima del legalismo ciego y miope, está el bienestar de la patria”

Debo disentir de manera categórica con estas afirmaciones, que parecen tratar de justificar la aplicación del dedazo presidencial en el nombramiento de las autoridades judiciales. Y voy ha disentir, como debe hacerse en cualquier debate serio, con argumentos lógicos, legales y filosóficos que, a la vez, dejan bien claro cuál es el camino que se debería seguir para evitar un colapso judicial en Bolivia.

El primer argumento lógico es el presentado por Jimena Costa, que consiste en la siguiente pregunta: Si el Congreso puede reunirse para modificar la Ley Electoral ¿por qué no puede tener competencia para hacer las designaciones temporales hasta que entre en plena vigencia la nueva Constitución referido a las autoridades del Poder Judicial y del Ministerio Público? Respuesta: O el Congreso tiene competencia para modificar la Ley Electoral y también para elegir a las autoridades del Poder Judicial, o no tiene competencia alguna. No puede tener medias competencias o competencias selectivas.

Segundo argumento lógico: Si ha causa del cambio de Constitución, y por haber sido elegido bajo la vigencia de la Constitución anterior, el Congreso no tiene atribuciones para hacer estas designaciones ¿por qué el Presidente Evo Morales, que también fue elegido bajo la Constitución anterior, sí tiene competencia para ser gobernante del país? Respuesta: Si el Presidente Morales, a pesar de haber sido bajo la Constitución anterior, tiene competencia para ser cabeza del Poder Ejecutivo, entonces el Congreso Nacional también tiene competencia para designar a las autoridades faltantes del Poder Judicial. O si el Congreso de la República, por haber sido elegido bajo la vigencia de la Constitución anterior, no tiene competencia para designar a las autoridades judiciales, entonces el Presidente de la República, Evo Morales, tampoco tiene competencia para ser gobernante de Bolivia, y todos sus actos son nulos de pleno derecho.

El argumento legal va de la mano de la figura de la interpretación ultra activa de la Constitución abrogada, es decir, de la Constitución anterior, que consiste en que mientras la totalidad de la institucionalidad nueva (esto incluye a las nuevas leyes faltantes, a la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional, al nuevo Presidente, a la nueva Corte Electoral Plurinacional, etc.) no exista o no haya sido consolidada, la institucionalidad anterior debe permanecer vigente, precisamente para viabilizar el nacimiento de la nueva.

En otras palabras, todo aquello de la Constitución anterior, que permita llevar adelante el proceso de transición hacia la nueva legislación, y que ayude a mantener la institucionalidad y el Estado de derecho en pie mientras esto se consigue, continúa en vigencia. Por lo tanto, el Congreso sigue teniendo todas las atribuciones y competencias que se le otorga, además, en ambas Constituciones, y puede elegir a los miembros faltantes del Poder Judicial.

De otra forma, ninguna institución de gobierno y administración pública tendría atribución alguna, y deberíamos vivir en la anarquía hasta que se designen a las nuevas autoridades.

Finalmente, el argumento filosófico, que consiste en que el nombramiento de las autoridades del Poder Judicial, a través de un decreto (dedazo) presidencial, violentaría de manera flagrante el principio fundamental de división e independencia de los poderes públicos. Si esta es la “maravillosa idea” para evitar un colapso judicial, por qué mejor el Presidente Morales no se atribuye competencias para administrar personalmente la justicia en Bolivia, a través de decretos, y de una vez que también decida modificar la Ley Electoral por decreto. De esa forma, nos deshacemos de tanta hipocresía y poses supuestamente democráticas e institucionalistas, y oficializamos el reinado del monarca Evo I. No tiene sentido mantener fachadas de división de poderes y democracia, cuando en los hechos estamos construyendo otras cosas.


La última encuesta de equipos Mori, publicada el domingo pasado en El Deber, contiene noticias interesantes. El candidato más rechazado es Evo Morales, con un total de 29% de personas que declaran que nunca votarían por él. Su nivel de rechazo es especialmente alto en Santa Cruz, donde llega al 49%.

 

El segundo político más rechazado es Tuto Quiroga, con un 22% de rechazo, especialmente alto en La Paz (36%) y El Alto (32%).

 

Ya en la intención de voto, los posibles candidatos opositores son encabezados por Víctor Hugo Cárdenas con 18% (mayor respaldo en Santa Cruz con 37%), Samuel Doria Medina con 15% (mayor respaldo en La Paz con 28%), y Manfred Reyes Villa con 10% (mayor respaldo en Cochabamba con 31%).

 

A pesar de que estos resultados son bastante más alentadores que los de las anteriores encuestas, se confirma la debilidad global de las candidaturas, pero con ciertas fortalezas dispersas regionalmente. La pregunta ahora es: ¿quién querría despreciar el apoyo de Samuel Doria Medina, del 28% en La Paz, justamente el bastión del oficialismo; o rechazar el 37% de aprobación de Cárdenas en Santa Cruz; e incluso el 31% de Manfred en la dividida Cochabamba? Lo más lógico sería pues, que estos tres candidatos articulen una alianza, junto con el Conalde que les aseguraría el voto duro de la media luna, complementando sus popularidades dispersas regionalmente.

 

Probablemente el alto nivel de rechazo a Tuto Quiroga constituiría un problema dentro de un probable frente amplio de oposición, por lo que seguramente no sería muy aconsejable incluirlo en la alianza. El nivel de rechazo a Víctor Hugo Cárdenas y a Manfred Reyes, apenas llega al 1%, mientras que el de Doria Medina no aparece.

 

Es claro que una alianza entre estos candidatos, fortalecida por el apoyo del Conalde, se traduciría en un frente con amplísimas posibilidades de vencer a Evo Morales en las elecciones de diciembre. Sin embargo, una cosa son los cálculos y los diseños en papel, y otra cosas es construir en la realidad.

 

Vayamos por partes: En primer lugar el único que ha presentado un programa con un mínimo de seriedad es Samuel Doria Medina. Víctor Hugo Cárdenas aún no se ha manifestado al respecto y Manfred Reyes Villa lo único que hace es repetir consignas de derecha populista. Y este es un requisito fundamental a la hora de pedirle su voto al ciudadano. “Todos contra Evo” o “anti-evismo” no son más que consignas absurdas que no ayudan en nada; y “obras y gestión” o “vocación de servicio” son palabras vacías sin un plan serio, detallado y claro sobre lo que se propone para el país.

 

En segundo lugar, ninguno de los candidatos cuenta con una estructura partidaria sólida para enfrentar unas elecciones generales de manera responsable (en realidad, además del MAS, el único que tiene cierta estructura es el MNR). Por lo que es necesario que se agrupen en un solo movimiento que incorpore, de manera imprescindible, a los movimientos cívicos y regionales del Conalde. En este punto, me arriesgo a pronosticar que aún así será necesario que hagan alianzas con agrupaciones civiles de ciudadanos con las que puedan coordinar el trabajo de vigilancia en las mesas de votación. La fórmula podría ser: “El frente amplio manda delegados a las áreas rurales y los grupos ciudadanos vigilan las mesas en las ciudades capitales”.

 

En tercer lugar está el problema de que no existen tres cargos para Presidente, de los tres o más que pudieran formar la alianza, solamente uno será candidato a la presidencia. En este punto, al no existir una estructura partidaria con militantes inscritos y sedes por todo el país, un proceso de elecciones primarias, al estilo de los partidos norteamericanos, se hace imposible. Entonces, la idea propuesta hace meses por Samuel Doria Medina, de que la elección del candidato se haga en base a los resultados de una encuesta nacional, es el único camino posible. Sólo que aquí nos tropezamos con la dificultad del gran ego y la falta de compromiso que parecen enfermar a Reyes Villa, que ya ha declarado, a través de uno de sus voceros, que considera que “Habrá quienes deban asumir que no van a subir más; que más allá del porcentaje logrado ya han llegado a su techo y que no podrán crecer más. Corresponde a ellos dar señales de desprendimiento y responsabilidad, y a ellos va el llamado de Manfred” Dejándonos en claro que a Manfred no le corresponde dar ninguna señal de desprendimiento y responsabilidad, siendo que, al menos según esta encuesta, él está en el tercer lugar ¡de tres! Es decir, en último lugar.

 

¿Que la encuesta es sólo una fotografía del instante en que fue realizada? Por supuesto que sí, en los últimos días podrían estar creciendo otros candidatos como Germán Antelo, Cárdenas y Doria Medina y, ¿quién sabe? podríamos prescindir de Manfred y su soberbia absoluta.


Es muy difícil luchar contra la estupidez, pero al menos se debe intentar.

Eso implica protestar contra un ex capitán, uno con apodo de chocolate (y con eso ya saben de quién hablo), que ya anda en carrera presidencial, pero que a todas luces no pretende renunciar a sus aspiraciones políticas aunque le falten dotes de estadista y le sobren juicios. Que esos juicios son manipulaciones y parte de la persecución política del oficialismo contra líderes opositores, es más que seguro, pero de todos modos ahí están, y eso, evidentemente, es un problema.

A pesar de que los números (esos que, a diferencia de los políticos, no mienten), dicen que la necesidad de conformar un frente amplio de oposición es urgente si se quiere lograr los mejores resultados, y a pesar de que esa visión es compartida por innumerables expertos, analistas y ciudadanos, este “presidenciable” ya se ha dado a la tarea de mandar a sus voceros a los medios para convencer a la opinión pública de que “eso es imposible”, o “muy difícil”, y que “hay que ser realistas”, para hacernos cambiar de opinión, y creer que todos los políticos son tan mezquinos, como seguramente lo es este bigotudo, que nunca renunciarían a ser estrellas del show, y que vamos a tener que conformarnos con lo mismo de siempre: un caudillo, un jefe máximo, una sola estrella, sin más luces que le hagan sombra.

También implica protestar contra ciertos politiquillos de oposición, de esa que le hizo tantos favores al MAS (como extender la asamblea constituyente), esa de la estrellita y el color rojito que recientemente perdió su personería ante la CNE, con un legislador de apellido de montaña negra (que probablemente de renegridas intenciones), que decidieron invertir la poca credibilidad que les queda, y los pocos espacios que tienen en los medios para, codo a codo con el MAS (cuándo no), pedirle a Oscar Ortiz su renuncia a la presidencia del Senado.

¡Joder! El gobierno va a trasladar por lo menos a 4000 personas a la militarizada Pando, en un intento por revertir los previsibles resultados negativos que obtendría en diciembre, y por controlar el Senado, y estos señores le piden su renuncia a Ortiz.

Los narcos y sus fábricas de cocaína atestan los territorios desde la localidad de Pantipata hasta el Tunari (a menos de 20 Km. de la capital cochabambina), contaminando las aguas con las que los campesinos (que trabajan dura y honestamente en la agricultura), riegan sus cultivos para producir alimentos; sí, esos campesinos que desde hace meses denuncian los perjuicios de la actividad del narcotráfico en su zona, mientras ni el Estado, ni los defensores del medio ambiente, ni los defensores de los campesinos dicen nada.

Sería de esperar que los legisladores de esta ex agrupación ciudadana denuncien este hecho, no sólo para proteger el medio ambiente (hablamos de agua señores) y los cultivos de los pobladores, sino para proteger a los pobladores que tratan de arreglárselas para evitar la llegada de precursores a las fábricas de cocaína (los narcos podrían callar a la gente a balazos), pero no, los politiquillos están muy ocupados en la ardua, productiva y patriótica tarea de pedirle su renuncia a Ortiz.

¡Habráse visto tanta estupidez junta!

Afortunadamente algunos políticos no se dedican a naderías, y están comenzando a mostrar el mínimo de madurez requerida en las actuales circunstancias al manifestar predisposición para hacer alianzas y lograr la articulación de un frente amplio de oposición, aunque ello implique que tengan que resignar sus postulaciones a la presidencia, ellos son Samuel Doria Medina y Víctor Hugo Cárdenas.

Hay al menos cuatro cosas evidentes en el escenario político:

1. La concurrencia a las elecciones de una oposición fragmentada se traducirá en resultados desastrosos para todos, menos para el oficialismo que se frota las manos mientras algunos se creen predestinados a la presidencia y otros le ayudan a pedir renuncias inútiles.

2. Una virtual alianza entre líderes de oposición no funcionará con el comportamiento infantil de “me llevo mis juguetes y me voy”, sino que quienes la conformen deben apoyar activamente a quien sea elegido candidato de la alianza.

3. Los ciudadanos esperamos algo muy distinto a las dinámicas políticas de siempre, repetirlas va a ser un error garrafal. Bolivia sí ha cambiado, y los políticos que no lo entiendan y que no cambien sus actitudes en consonancia, están destinados a la condena del voto y a la desaparición.

4. El Conalde, y los movimientos ciudadanos y cívicos de la media luna, son indispensables, así que esa tontería de no querer acercarse mucho para no “mancharse”, es un completo absurdo.

Sería bueno que nos escuchen, los ciudadanos tenemos razón, sus entornos no.


Para variar, tenía que ser la Corte Nacional Electoral (CNE) la que haga el trabajo que deberían realizar los políticos. Mientras estos siguen atolondrados con la agenda política que el oficialismo impone a través de su estrategia de confrontación y destrucción del Estado, como la cruzada del Presidente contra el supuesto separatismo, o su empeño en destruir al poder Judicial y dejarnos sin instituciones que defiendan nuestras libertades y derechos, o los apoyos a grupos desestabilizadores de la República del Perú, la CNE trabaja arduamente para tener un nuevo padrón al 100% para las elecciones de diciembre y, más interesante y notable aún, ha anunciado la conformación de una comisión de asesoramiento para garantizar la transparencia en la implementación del padrón biométrico. Esta comisión estaría integrada por profesionales bolivianos expertos en informática, y probablemente presidida por el Dr. Iván Guzmán de Rojas.

No es que los otros temas no sean importantes; lo son, y merecen cierta atención, pero el problema es que cada escándalo o declaración del gobierno, parece un hueso lanzado tras el que los opositores corren como buenos sabuesos, confirmando esa mala costumbre criticada por Mafalda, de que lo urgente siempre deja de lado a lo importante.

En las elecciones del año 1989, cuando la CNE no estaba institucionalizada, se suscitó una sucia manipulación de los datos electorales consistente, no en la alteración de los resultados, sino en la utilización de éstos para la distribución de los escaños parlamentarios, cuyo corolario fue un supuesto triple empate entre el MNR, la ADN y el MIR. En realidad, el tercer lugar de los miristas estaba bastante alejado del segundo de ADN pero, sorprendentemente, en el Congreso la distancia no era tan evidente. La maniobra, por supuesto, fue ejecutada para perjudicar al ganador, Gonzalo Sánchez de Lozada.

Fruto de ello, y de las cada vez mayores presiones políticas y ciudadanas para que la CNE funcionara con mayor transparencia, el gobierno de Jaime Paz Zamora convocó a una cumbre política, compuesta por todos los partidos con representación parlamentaria, para tratar varios temas, entre ellos, la necesidad de institucionalizar la CNE para evitar futuras irregularidades.

Entre los notables elegidos para dirigir el órgano electoral boliviano, estaba el Dr. Iván Guzmán de Rojas, quien fue elegido primer Presidente del mismo. Durante su presidencia se incorporó la informática en la CNE, y fue a partir de esta gestión, que la transparencia, eficiencia, seriedad y profesionalismo de ésta institución cobraron fama, renombre y reconocimiento, no sólo en el ámbito nacional, sino también internacional.

El Dr. Guzmán de Rojas es considerado por muchos (probablemente más extranjeros que bolivianos), un genio de la informática. Si bien él es Doctor en matemáticas, el invento que le ha valido su prestigio es un traductor múltiple desarrollado en base a la lógica trivalente del lenguaje aymará. Aplicando esta lógica, el genio boliviano ha desarrollado un sistema llamado ATAMIRI, capaz de traducir textos, simultáneamente, de un idioma a otros, promoviendo el multilingüismo en Internet.

Este, dicho sea de paso, es un verdadero trabajo por la revaloración de nuestras culturas ancestrales, descubriendo sus aplicaciones prácticas y científicas, sin mostrar ningún desdén por la tecnología, valores y cultura occidental, y más bien buscando formas de complementarlas y hacerlas trabajar en nuestro beneficio.

Si además del profesionalismo, seriedad y transparencia de la CNE, contáramos con la presencia del Dr. Guzmán de Rojas en esa comisión de asesoramiento (ojala que en los siguientes días nos lo confirmen), podremos sentirnos absolutamente seguros de que la implementación del padrón biométrico se llevará adelante con total imparcialidad y eficiencia. A cualquier rumor, perspicacia o susceptibilidad expresada por políticos del oficialismo o la oposición, tendrá que dársele muy poco crédito.

Sería bueno, sin embargo, que los movimientos políticos de todos modos designen a sus delegados técnicos, para que después no pretendan lloriquear por, o perjudicar en, el trabajo que la CNE está realizando con su característica sensatez.


Más allá de las pistas que nos brinda la etimología de la palabra “república” (cosa pública), o de los antecedentes de su utilización para designar modelos antiguos de Estado (La República de Platón, o la República romana), lo verdaderamente importante es su significado como “Estado Republicano Moderno”

Al hacer un análisis de las características de un Estado Republicano Moderno, podremos tener mayor certeza de las características que Bolivia puede perder, al haberse convertido en un Estado plurinacional comunitario.

El Estado Republicano Moderno basa sus principios de vida, o de orden social, en los valores supremos de la libertad, la igualdad ante la ley y la justicia. La libertad como la imposibilidad, castigo mediante, de que un individuo o un grupo de individuos intervengan de manera coactiva en la voluntad de uno o más individuos. La igualdad ante la ley, como la garantía de que esta libertad debe ser la misma para todos los ciudadanos, y que el Estado tratará de no generar, bajo ninguna circunstancia, políticas o normas que favorezcan a unos u otros, ya sea por razones de género, color, etc. no creando ni privilegios, ni derechos, ni libertades especiales. Y la justicia como la obligatoriedad que tiene el Estado de ser ecuánime a la hora de restringir el abuso de la libertad de los individuos, aplicando la ley sin ningún tipo de preferencias ni desequilibrios.

Dos instrumentos fundamentales para conseguir el cumplimiento de estos principios son: el Estado de derecho y el sistema democrático.

El Estado de derecho es la garantía, brindada principalmente por una Constitución limitadora del poder del Estado y por sus leyes complementarias, de que los individuos son gobernados por leyes y no por hombres. Aquí no se debe entender que los gobiernos dejan de ser integrados por personas, sino que éstas enmarcan sus acciones de gobierno en las leyes de la república, de tal forma, que existen menos posibilidades de que se comporten arbitrariamente, y de que gobiernen en base a sus caprichos personales.

De esta forma, los individuos que interactúan dentro del orden social, conocen con la suficiente certeza cómo actuarán las autoridades e instituciones en determinadas circunstancias, de tal forma que pueden planificar sus propias acciones y perseguir sus propias metas en base a esa información. Toda ley, y especialmente la constitución, debe ser conocida, clara, permanente, universal y general; no creadora de privilegios o exclusiones, ni propiciadora de interpretaciones disímiles al alcance de los gobernantes.

La democracia de una república, por otro lado, debe ser un sistema de gobierno preparado contra todo tipo de dictadora, incluso la de la mayoría o la del “pueblo”, en el que ni la vigencia de la libertad, ni de la igualdad ante la ley, ni de la justicia, para todos, puede ser sometida a votación, ni mucho menos suspendida por la mayoría. Ya decía Ayn Rand que “Los derechos del individuo no están sujetos a votación pública; una mayoría no tiene el derecho de eliminar por votación los derechos de una minoría.” Ni al revés, y la menor minoría de la tierra es el individuo.

Para ello, la democracia republicana debe contar con el artilugio de la división de poderes, que evita la posibilidad de que una persona o un grupo de personas tengan demasiado poder, y el voto secreto universal y directo, que permite a cada individuo elegir de acuerdo al dictado de su propia consciencia.

Gracias a la libertad, el ejercicio democrático se enriquece con el pluralismo político y la libre expresión, fundamentales para su funcionamiento, puesto que sería imposible denunciar los abusos contra las personas y hacer campañas políticas sin la libre expresión, e igualmente imposible competir en democracia sin la posibilidad de organizarse en grupos políticos (pluralismo político).

Esto es lo que Bolivia puede perder al dejar de ser Estado Republicano Moderno, y al convertirse en Estado plurinacional comunitario.


Llueven las condenas contra la sucesión forzada en Honduras, pero este mundillo se ha vuelto tan hipócrita, que para solidarizarnos con Manuel Zelaya, protestamos, codo a codo, con la dinastía de los Castro, quienes han hecho gala de ser gobernantes de facto por décadas, y que últimamente han recibido la gran noticia de que la supresión de libertades y derechos individuales ya no es motivo de castigos en la OEA. Es más, resulta que ahora todos debemos disculparnos por haber apoyado la expulsión de Cuba -un país sin pluralismo político, sin libertad de expresión, sin democracia, sin propiedad privada, sin libertad de emprendimiento, en fin, una isla prisión- de un organismo internacional que defendía todos esos derechos, principios y mecanismos que a la isla le faltan, cuando la OEA aún los defendía.

Me veo obligado a desaprender todo lo que aprecié de mis clases de Derecho internacional y Procesos de Integración. Se suponía que los países se organizaban y aceptaban pertenecer a estas organizaciones, no para proteger a los gobiernos, sino a los ciudadanos. Pero parece que lo mío, y lo de mis docentes, pobres de nosotros, no eran más que delirios festivos de que nunca más los individuos sufriríamos por las miserias de la arbitrariedad de los gobernantes. Ahora resulta que un Zelaya, un Chávez, o un Morales, por haber sido elegidos a través de mecanismos democráticos, tienen toda la libertad de hacer cuanto les plazca, violar sus constituciones y leyes, e ignorar las decisiones de los otros poderes e instituciones estatales. Que la democracia se haya convertido en un mecanismo para elegir a quién le toca ser el verdugo del pueblo, de quién es el turno de mandar por encima de toda ley, y de proclamar como Luís XIV “el Estado soy yo”, hace que no sea mejor que la monarquía o cualquier triste dictadura.

Estamos perdidos, hemos olvidado, si es que alguna vez lo supimos, que el sistema democrático no fue diseñado para elegir mandones, sino para designar ciudadanos que se encargasen de que se cumplan las leyes, y con ellas, se respeten nuestras libertades y derechos. En lugar de que la democracia sea un medio para evitar el abuso de poder de los gobiernos, y para garantizar que se deje en paz a los ciudadanos, hemos hecho que ésta sea un fin. Si el gobernante fue elegido democráticamente, entonces la misión ya está cumplida, de ahí en adelante, lo que sea que haga, como quiera que se comporte, está a su libre discreción.

Lo peor de todo es que los organismos internacionales y los países que hoy se rasgan las vestiduras por la sucesión forzada en Honduras, entre los que lamentablemente están EEUU y otros países que parecían conservar un mínimo de sensatez, lo único que hacen es proteger a los presidentes, olvidando que los Congresos y Tribunales de Justicia también son parte de ese sistema democrático que tanto proclaman defender.

Manuel Zelaya actuó como un delincuente, como un triste dictador que atropella la Constitución, las leyes y los pronunciamientos de las instituciones de su país. Los otros poderes, igualmente surgidos del sistema democrático, al no contar con mecanismos institucionales, o al no funcionar éstos, para detener al Presidente que estaba dispuesto a actuar con Honduras como si fuera su hacienda, optaron por ordenar a las FFAA su arresto y expulsión del país. Podemos convenir en que esta acción (la de los otros poderes de Honduras) tampoco es institucional y tampoco está contemplada en ninguna ley, pero la pregunta es ¿Quién golpeó a quién?, ¿Fueron los otros poderes del Estado hondureño los que golpearon a Zelaya al hacerle arrestar y expulsar, o es el mismo Zelaya quien golpeó su investidura y legitimidad violando y atropellando leyes e instituciones?

Necesito, urgentemente, que alguien me explique cuál demonios es el fin de la democracia, el constitucionalismo, la división de poderes y otros inventos que suelo defender, ingenuamente, pensando que el fin es ponerle límites y frenos al poder de los gobiernos, y proteger y mantener mis libertades y derechos, igual que las de todos mis compatriotas.

“Lizandro, realmente que estúpido que eres, pensar que el fin de la democracia es la libertad, y el de los organismos internacionales vigilar que ese fin sea alcanzado por la democracia. ¿Cómo pudiste ser tan imbécil y no darte cuenta de que el fin de la democracia es que la gente vote y elija al tirano de turno, que la función de los organismos internacionales es garantizarle a ese tirano que mientras su pueblo lo elija él pueda hacer lo que le venga en gana, y la de los ‘países amigos’ es ser amigos del tirano?”.


Una de las graves fallas de la ideología marxista es la pretensión de que es posible eliminar al “mercado” de la realidad económica de las sociedades o que, al no poder eliminarse, se podría controlar desde el Estado. La existencia del “mercado” implica que siempre hay unos sujetos que demandan (requieren) algo y otros que deciden cubrirla creando la oferta, y que a la vez, tienen sus propias demandas. Estos individuos siempre buscando algo, y los que cubren sus requerimientos, interactúan dentro del mercado a través del intercambio. La única diferencia entre la dinámica del mercado antiguo con el mercado moderno, es que para lograr que el intercambio sea más eficiente se ha creado la moneda. Es decir, los individuos cubren sus mutuas necesidades utilizando un elemento de valor estandarizado representado en monedas y/o papel impreso. Esta dinámica siempre ha existido, la misma naturaleza genera ofertas y demandas.
 
El control de la economía, a través de la idea de supuesta “planificación” constituye toda una falacia porque supone que cuando la dinámica del mercado es libre no existiría planificación y la economía funcionaría en un completo desorden. En realidad es al revés, cada individuo planifica la forma en que va a administrar su economía, ya sea como vendedor, comprador, productor, etc. Lo que nos da como resultado una economía planificada en base a una red de planificaciones individuales. Esto nos conduce a la construcción de lo que Hayek llama orden espontáneo o cosmos. En “Derecho, Legislación y Libertad” Hayek nos dice: “Si indignados reformadores siguen lamentándose de caos reinante en los asuntos económicos, insinuando una completa ausencia de orden, ello se debe en parte al hecho de que nos son capaces de concebir un orden que no haya sido creado deliberadamente, y en parte en que para ellos un orden significa algo que tiende a realizar un proyecto concreto…”. Ni el orden económico, ni el orden social, resultantes del establecimiento de regímenes de libertad, fueron concebidos por alguna mente genial o maquiavélica, son el resultado de las redes de planificación individual, en las que en lugar de perseguirse un proyecto colectivo concreto, se persiguen proyectos individuales que para ser concretados, necesariamente son compatibilizados y complementados colectivamente. El gran complejo marxista es, por un lado creer que, en una suerte de teoría de la conspiración, existe un grupo de personas que manejan los piolines de la marioneta universal. Y por otro, rechazar la idea de no tener las cosas bajo control, postulando que otro grupo de personas (su estado ideal) poseen la suficiente sabiduría para asumir el control de las sociedades y de la economía, privando a los seres humanos de la autodeterminación individual que les permite tomar sus propias decisiones y riesgos construyendo el orden espontáneo social. Entonces, cuando el Estado decide “planificar” en busca de un orden deliberado o taxis (en los términos de Hayek) en realidad se constituye en un factor desordenador de las relaciones económicas y sociales. Los intentos de articular un orden deliberado por los regímenes totalitarios, han fracasado trágicamente allí donde se han intentado, generando crisis económica y política, pero sobre todo, suprimiendo las libertades individuales y distribuyendo represión.

Bien, el Presidente Evo Morales se ha declarado marxista-leninista. Es de esperarse entonces, y podemos confirmarlo en base a sus más de tres años de gobierno, que tenga en mente la idea que el orden social boliviano requiere de un líder, acompañado de sus leales colaboradores, que le de algún sentido, y doten de alguna meta colectiva única a la sociedad, determinando, para ello, el rol que deberá cumplir cada uno de los individuos que la integran. Para las mentes colectivistas, que cada individuo decida por si mismo cuáles serán sus propias metas y oriente sus esfuerzos a alcanzarlas, no es más que malsano egoísmo, y el egoísmo debe ser erradicado. Lo correcto para ellos, es que los individuos vivan, trabajen y se sacrifiquen por el bien de su comunidad.

La exigencia colectivista se resume en que “el ser humano no debe vivir para si mismo, debe vivir para su colectivo, sea este el proletariado, la raza aria, los indígenas o la nación”. Eso, para los enfermos por este tipo de ideas, es el altruismo, eso es la bondad.



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