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La carrera electoral, que parecía dar sus primeras señales de inicio, ha sido puesta en suspenso por las dudas en torno a las posibilidades de tener listo el nuevo padrón para las elecciones. Los grupos y candidatos seguramente están esperando tener mayores certezas al respecto para mantener o modificar sus planes. Seguramente también están preocupados por recibir el apoyo, nada despreciable, del bloque de prefectos de la media luna. Evidentemente, quien tenga este apoyo contará con mayores posibilidades de lograr mejores resultados en el proceso electoral.

Cierto grado de certeza es esencial para la vida en sociedad, por eso son tan apreciados los Estados de derecho, en ellos, todos los ciudadanos, políticos o no, tienen un conocimiento lo suficientemente aproximado de cómo actuarán las instituciones en determinadas circunstancias, y por lo tanto pueden planificar sus acciones sabiendo cuáles son las probables consecuencias de éstas. Cuando no hay Estado de derecho nadie tiene la más mínima idea de lo que podría suceder mañana y, por lo tanto, existen menos posibilidades de que los individuos se arriesguen a hacer planes a largo plazo. En realidad les quedas dos opciones: La primera es vivir el día de la mejor manera posible, sin pensar en mañana, y la segunda es quedarse estáticos esperando a que regrese la estabilidad para poder reiniciar sus vidas con grados mínimos de certidumbre.

A esto también se le llama “reglas de juego claras y permanentes”, y ellas son las que posibilitan la acción humana dinámica y creativa. Este hecho no es poca cosa, puesto que cuando hablamos de la acción humana nos referimos a emprendimientos de toda índole, desde los más simples como la planificación de los gastos familiares, hasta las inversiones productivas y las iniciativas políticas. Si las reglas de juego son desconocidas, cambian constantemente o son distintas para cada ciudadano, entonces el orden social se convierte en una mezcla de caos y parálisis, en el que los únicos que ganan son los especuladores del poder, los oportunistas, los delincuentes y los inescrupulosos.

Esa es la razón por la que constantemente clamamos por el retorno al imperio de la ley. Pero tampoco cualquier ley, las normas que contradicen con los derechos naturales de las personas, traducidos en la defensa de la vida, de la propiedad privada y de las libertades políticas y económicas, no contribuyen a restituir el dinamismo de las sociedades. El único imperio de la ley que sirve, es el de la ley que reconoce, defiende y preserva la libertad y los derechos de los individuos.

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Red Confianza rinde homenaje a las madres bolivianas, mujeres valerosas que se han constituido, sino en el principal, en uno de los principales motores que hicieron posible la presencia, el control y el activismo ciudadano en los dos últimos referéndums, y que seguramente volverán a asumir un rol protagónico en las elecciones de diciembre. Así pues, nuestros agradecimientos y bendiciones son dobles: por habernos dado la vida, que de por sí sería suficiente, pero además por proteger la libertad y el futuro de sus hijos y de sus nietos. Muchas gracias y mil felicidades, señoras mamás.

Los últimos días han sido agitados. Por un lado tenemos la renuncia de la última magistrada del Tribunal Constitucional (TC), Dra. Silvia Salame, quien tuvo el valor de enfrentar los peores momentos del avasallamiento y la arbitrariedad del gobierno pero que, viendo inútiles sus esfuerzos, y confirmando que las presiones e ilegalidades continúan, decidió presentar la renuncia junto con la denuncia. Con su alejamiento, el TC queda anulado por completo, y el país, y principalmente los ciudadanos, quedamos desprotegidos de los abusos del Estado, y sin control constitucional alguno.

Por otro lado está el anuncio de los Gobernadores de Santa Cruz, Beni, Chuquisaca y Tarija, de que no postularán ni a la presidencia ni a la vicepresidencia de la Nación, y que el 12 de junio decidirán a qué candidato apoyan como bloque. Mientras tanto, Manfred Reyes Villa, ex prefecto de Cochabamba, y cuyo mandato fue revocado en el referéndum de agosto del año pasado, ha confirmado su candidatura para la presidencia de la República.

Otra noticia importante es la sorprendente velocidad y eficiencia con la que el Estado boliviano, conducido por Evo Morales y su gobierno, ha conseguido reducir las utilidades de la recientemente nacionalizada ENTEL. Los detalles nos los brinda un connotado economista en nuestra sección de opinión. Pero en todo caso, con YPFB, Canal 7, y ahora ENTEL, ya son tres muestras grandes (para no incluir las pequeñas) de que la regla universal, aquella que dice que el Estado es ineficiente y corrupto como empresario, también se cumple en Bolivia, y sin importar si los que están a cargo son indígenas, moros o cristianos.

También han llegado comentarios de que de las cuatro empresas que han presentado propuestas para hacerse cargo de la elaboración del padrón biométrico, una estaría descartada (la china, que no presentó boleta de garantía), y las restantes tres estarían relacionadas con venezolanos o con el gobierno de Venezuela. Este es un tema más que delicado puesto que, de ser así ¿cuáles serían nuestras opciones?, ¿continuar con el padrón anterior, tan cuestionado y contaminado?, ¿violar la legalidad constitucional una vez más, y suspender las elecciones?

Finalmente, en nuestra sección de noticias comentadas, le ofrecemos la información de inteligencia israelí, que involucra a Bolivia y Venezuela con el programa nuclear iraní; y hablaremos de la censura que pretende imponer el gobierno venezolano a invitados extranjeros.

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Red Confianza rinde homenaje a los 200 años del primer grito libertario de Hispanoamérica, y a su cede indiscutible, la ciudad de Sucre, capital de la República de Bolivia.

Este evento dio inicio a un sinnúmero de insurgencias en las colonias españolas, y demostró, por enésima vez en la historia, la imperiosa necesidad humana de libertad, igualdad ante la ley y justicia. Que se hayan utilizado artilugios como la supuesta defensa de los soberanos católicos frente a la invasión napoleónica, para dotar de cierta legitimidad a lo que, en el fondo, era el inicio de nuestra lucha independentista, no le resta ningún mérito en la historia. La corona española, y las monarquías en general, posibilitaron la existencia de ciudadanos privilegiados, de tratamientos legislativos especiales, y de autoridades con el poder de gobernar con la arbitrariedad.

Desde las aulas Universidad Real y Pontificia de San Francisco Xavier, la primera en el continente americano, los estudiosos iniciaron densos debates en torno al absolutismo, y las ideas liberales que inspiraron la revolución francesa y la independencia norteamericana. La conclusión era clara, los pueblos tenían derecho a liberarse de sus tiranos, y deberían tener la potestad de decidir cómo y quién los gobernara, preservando sus libertades, manteniéndolos y viéndolos iguales, y tratándolos con ecuanimidad. Ningún ser humano tendría que ser obligado a aceptar la opresión, y ningún hombre tendría el derecho de hacerlo.

A 200 años de la rebelión de los chuquisaqueños contra la servidumbre ¿cuánto de ese legado se ha mantenido?, ¿realmente supimos entender la urgencia de la libertad?, ¿el espíritu de nuestros libertadores se ha preservado?

A 200 años de proclamar que es ya libre este suelo, y de pretender alzar el trono de la justicia en Bolivia ¿hemos sabido reconocer y rechazar los caminos que nos podrían llevar de regreso a la esclavitud?

Pareciera que sólo nos independizamos de España, de la monarquía y de los españoles, y que en el fondo queríamos mantener la servidumbre y la arbitrariedad con otros actores. ¡Ay de nosotros!, ¡Que gran decepción sería esto para quienes sacrificaron sus vidas porque verdaderamente creían en la libertad!, ¡Que gran frustración para los que, como Bolívar, soñaron con una patria liberal que nos cobije a todos, desterrando al fin la esclavitud, el autoritarismo y la injusticia!

Demostremos, pues, que todo ello es mentira, que los bolivianos no concebimos poderes absolutos ni gobernantes dioses y que, con el grito de LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD, siempre estaremos dispuesto a morir antes que esclavos vivir.

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El gobierno es coherente en hechos y palabras. Gran parte de sus acciones en los más de tres años de gobierno han estado orientadas a debilitar las instituciones republicanas, y en varias ocasiones, tanto el Vicepresidente como el Presidente, han manifestado que en 2005 sólo ganaron el gobierno y que, tras unos objetivos supuestamente nobles, lo que necesitan y buscarían ahora es obtener el poder total (y a los gobernantes que tienen el poder total se les llama totalitarios, o simplemente dictadores)

El decreto 138, aprobado el miércoles 20 de mayo, es una muestra contundente de lo antes dicho. Detrás de de la buena intención de penalizar acciones violentas, se aprueba un instrumento para amedrentar a los disidentes, que viola el principio universal de presunción de inocencia, y que debería haberse logrado a través de una ley de la república, y no en base a los decretazós a los que Morales está acostumbrado.

Otra característica malsana del Presidente es el mesianismo. El traje de su posesión en Tiawanaku, y su casa en Orinoca fueron declarados patrimonio nacional, Evo Morales fue postulado a premio Nóbel de la paz, y ahora se acuña una moneda con su rostro para conmemorar el bicentenario del primer grito libertario de Hispanoamérica. Según una nota de Los Tiempos del 21 de mayo “En la cara de la moneda y alrededor del rostro del gobernante se puede leer el lema ‘Presidente del Bicentenario del Estado Plurinacional de Bolivia - Evo Morales’. En el reverso, junto a la frase ‘Bolivia para Todos: Complementariedad, Consenso, Equilibrio, Identidad’…”. El Presidente inmediatamente anterior a Evo Morales que hizo acuñar monedas con su rostro, fue Banzer, en su dictadura de los 70s.

Se debe identificar, además del mesianismo típico de los totalitarios, que entre los principios acuñados en esa moneda no se incluye la libertad y, en general, dicho principio supremo no se encuentra en el discurso del oficialismo, ni ha orientado sus acciones.

La libertad, el pluralismo, el Estado de derecho, la igualdad ante la ley y la justicia como ecuanimidad, son valores despreciables para nuestros gobernantes. Eso tampoco es muy extraño, puesto que los constructores de la dictadura cubana, por ejemplo, solían referirse al pluralismo como “pluriporquería”.

Lo verdaderamente extraño, es que con tantas confirmaciones y manifestaciones contundentes de intenciones, en discurso y obra, la sociedad boliviana no se entere del peligro frente al que se encuentra.

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Nos hemos estremecido con dos informaciones que rozan los límites del surrealismo. Por un lado, el calvario que pasó el Mons. Tito Solari en la plaza 14 de septiembre en Cochabamba, siendo víctima de la intolerancia extrema por parte de simpatizantes del MAS (le brindamos los detalles en nuestra sección de opinión). Y por otro lado, y demasiado tarde para nuestro gusto, la noticia recientemente difundida de la agresión que sufrió la esposa del ex presidente de la Aduana Nacional, Cesar López, en su propio domicilio, y que le ha causado la pérdida de un ojo, de manos de simpatizantes del oficialismo o de matones (La imagen de la entrevista es terrible, pero creímos necesario mantenerla; puede ver la entrevista a la señora aquí).

 

Ambos hechos, confirman más que revelan, que la sociedad boliviana está llegando a extremos insospechados e inadmisibles de violencia e intolerancia política. El nulo respeto a los derechos y libertades de las personas, la inexistencia de Estado que nos proteja de manera ecuánime, y la silenciosa complicidad del gobierno, hacen que estos hechos, horribles, se vayan acumulando día a día, sin que ninguna instancia institucional les dé solución alguna, y con cada vez menor repercusión mediática. Es como si, de tanto vivirlos, nos estuviéramos acostumbrando a los crímenes políticos y empezáramos a sentir que son cosas normales. Como el pan de cada día.

 

El momento en que comencemos a acostumbrarnos a estos hechos, cuando no sólo nos parezcan comunes y corrientes, sino que los asumamos como normas de regulación de las conductas de los bolivianos, habremos sucumbido a la esclavitud. Tenemos que acumular los casos y recordarlos constantemente, la toma de la casa y golpiza de la familia Cárdenas Katari, los 40 latigazos en la humanidad de Marcial Fabricano, la golpiza y pérdida del ojo de Jhenieffer Wissemberg, los insultos y humillaciones contra el Mons. Tito Solari, la tortura y muerte de Christian Urresti, y muchos otros casos más, por los que el Estado que debería protegernos y proteger a las víctimas, y por los que está visto que no va a hacer nada, deben permanecer en nuestras mentes, no como alimento para el rencor o la venganza, sino para recordar que aquí sí pasa algo, que las cosas no están bien, y para comparar la vida en sociedad de hoy, con la de ayer, con esa en la que los ciudadanos de esta patria no éramos capaces de hacernos lo que ahora nos hacemos, con esa en la que existía la esperanza de que nuestros hijos, los hijos de todos, pudieran vivir en un país de hermanos.

 

No podemos dejar de recordar los hechos y percibir el contraste, porque el día que nos parezca que todo es igual, o que todo es normal, habremos olvidado lo que era vivir en libertad y sin temor a que nuestro vecino nos mate por pensar distinto al partido de su predilección. El día que nos acostumbremos a la violencia y la intolerancia, habremos perdido nuestras almas… nos las habrán quitado.

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Jhenieffer Wissemberg, esposa del ex presidente de la Aduana Nacional César López, perdió un ojo luego de que un grupo de desconocidos irrumpiera en su domicilio y la atacara violentamente. Su marido destapó el caso de los 33 camiones que habrían salido del departamento de Pando con mercadería de contrabando en 2008. El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, se vio involucrado en el escándalo. La Prensa obtuvo una entrevista exclusiva con la víctima, quien relata lo sucedido en el ataque que sufrió el 9 de agosto del año pasado.

—Usted ha sido víctima de varios atentados. ¿Podemos hablar y recordar esos difíciles momentos?

—En principio debo decirle que me considero una persona fuerte, que durante mi vida he pasado muchos momentos difíciles que he superado por mi convicción de que la vida no nos prueba con situaciones más fuertes que nuestra propia capacidad de superarlas. 

Con relación a lo sucedido, vivimos y seguimos viviendo persecuciones, llamadas telefónicas, correos anónimos, autos y personas persiguiéndonos, amenazas y amedrentamientos, los que, sin restarles importancia, nos hicieron más fuertes, unidos y cuidadosos. Creímos que eran sólo amenazas, la forma usual en que los poderosos corruptos utilizan para callar a los que ponen en riesgo sus intereses. Las cosas que se estaban haciendo en la Aduana iban por buen camino, porque de no ser así, ¿quién se habría tomado la molestia de tratar de mantenernos bajo tanta presión?

—¿Después de las amenazas sucedió el incidente del 9 de agosto?

—Las cosas se complicaron cada vez más, y de hecho, mi esposo llegó al punto de denunciar ante el Viceministerio de Lucha Contra la Corrupción supuestos hechos de corrupción que habían detectado en una regional de la Aduana que supuestamente recolectaba fondos para personas influyentes del Ejecutivo. La Aduana, por orden del general César López, abrió en ese entonces un proceso de investigación y le hizo conocer los supuestos hechos al Presidente de la República. La Unidad de Lucha Contra la Corrupción de la misma Aduana empezó un proceso legal ante el fiscal pertinente. El caso fue parado directa e inmediatamente por un ministro de Estado.

Las investigaciones siguieron y se hicieron complejas cada vez más, hasta que la noche del 9 de agosto de 2008, la noche previa al referéndum, bajé a despedir a una amiga que se encontraba en nuestra casa, la vi salir y cerré la puerta. Regresaba a nuestro dormitorio cuando de forma abrupta recibí un golpe seco, fuerte, duro que me hizo rodar al piso y golpear mi cabeza contra una mesa. La persona o personas salieron corriendo hacia la calle mientras yo llamaba a mi esposo pidiendo auxilio.

Mi cara estaba completamente ensangrentada y el dolor era muy fuerte. Instintivamente llevé mis manos a la cara y, en medio de la sangre, mi ojo derecho completo cayó entre mis manos. Fue algo horrible, impresionante, sangraba copiosamente, mientras buscábamos un recipiente para poner el ojo derecho e ir inmediatamente al médico. Aún me duele la angustia de mi esposo tratando de recoger del piso del baño el ojo que en mi desesperación por cambiarme de ropa rápidamente hice caer al suelo. El doctor Monasterios, un brillante oftalmólogo boliviano, nos atendió en principio en su consultorio en (la zona de) San Miguel, pero al ver la gravedad del caso nos pidió que nos trasladáramos a su clínica que se encuentra en Sopocachi. Me operó inmediatamente, y al concluir, me advirtió de que habíamos salvado el ojo, pero no la vista.

—¿Su familia sufrió otro atentado?

—Un segundo atentado se dio la noche del 1 de octubre, eran casi las nueve de la noche y mi esposo seguía con varias personas en su oficina, en la Aduana. Yo sentía mucho dolor y cansancio. Para no interrumpir sus reuniones llamé al capitán Saavedra, seguridad y ayudante de César, y le pedí que, por favor, le informara que estaba bajando a casa en taxi. El guardia me acompañó al taxi, tomó la placa del mismo y me fui. Al llegar, toqué el timbre y esperé que mi hijo, que era la única persona que se encontraba en casa, me abriera la puerta. Mientras esperaba, dos personas se acercaron, uno me puso un cuchillo en el cuello y el otro me hizo más de 30 cortes de navaja entre el muslo y la pierna y el brazo derechos. Uno de esos hombres me advirtió: “Dile al cojudo de tu marido que se calle, que no joda más, que si no, éste será sólo el principio”. No pude responder nada, lo único que hice mientras esto pasaba fue rogar a Dios que mi hijo se tardara en abrir la puerta de entrada, que me dañaran a mí como era su intención, pero que a él no le hicieran ningún daño.

Un tercer atentado se dio en el domicilio de mi suegra en la ciudad de Cochabamba, una señora de 90 años de edad que nada tiene que ver con las acciones delictivas que se investigaban.

En la puerta de su casa dejaron, una tarde de la última semana de octubre, una bolsa con cargas de dinamita y sus guías, así como cartuchos de diferentes calibres, que tuvieron que ser recogidos por los bomberos de la Policía Nacional en presencia de algunos medios de comunicación. En el momento de los atentados no sentí miedo, los enfrenté como vinieron, actúe rápido para mi curación y seguí viviendo la vida con la misma intensidad con que la he vivido siempre, con las complicaciones propias de reaprender a hacer las cosas intuyendo los espacios y los objetos, cayéndome y levantándome, pero en fin, siguiendo adelante sin temor.

—Se supo que volvieron a irrumpir nuevamente en su domicilio, ¿es cierto?

—No han entrado una sola vez en nuestro domicilio, algunas fueron más obvias que otras. La vez a la que usted se refiere y que se hizo público a través de los medios de comunicación y con la presencia de las autoridades de la FELCC de la Policía Nacional fue en octubre, una semana después del último atentado. No había nadie en casa y cuando regresamos del trabajo, más o menos a las nueve y media de la noche, encontramos los muebles de una sala de estar frente a nuestro dormitorio completamente destruidos con cortes realizados con navajas, dejando las mismas marcas que hicieron en mi cuerpo. No robaron nada. No era ése el propósito, sólo querían que supiéramos que podrían entrar cuando quisieran, que tenían el poder de violentar nuestra intimidad y nuestras vidas cuando lo quisieran.

Recuerdo que, esa noche, llegó la Policía, tomó huellas y mientras los integrantes de la patrulla hacían el trabajo, el oficial a cargo le pidió a mi esposo hablar en privado. Entraron en nuestro dormitorio donde yo me encontraba, el oficial le dijo a mi esposo: “General… usted tiene problemas con…” (Se pidió mantener en reserva esta parte de la conversación).

—¿Usted dice que los atentados contra su vida y la de su familia tienen relación con las denuncias de su esposo?

—Sí, obviamente. Los hechos no sólo coinciden, sino que están plenamente sincronizados con la dinámica sociopolítica del país. Esta serie de atentados pudo constatar que nuestra relación familiar es muy fuerte y está fundada en amor, en respeto, en lealtad y en una necesidad compartida de vivir la vida para servir —desde nuestras potencialidades y limitaciones— al verdadero proceso de cambio en el que creemos. Por supuesto que somos tal vez más cuidadosos, tomamos más precauciones, pero éstas no han cambiado nuestra forma de ser y la dinámica de nuestra vida. No tengo miedo a morir. Morir es la parte más natural de vivir. Cuando hablo de tener más precauciones me refiero a las que tenemos con nuestros hijos o con nuestra familia, procurando que el peso del odio se limite a nosotros y no a ellos.


Cuando intentamos mirarnos a nosotros mismos, y observar la situación en que nos encontramos como sociedad, no es sorprendente que surja la tendencia a reír o llorar, o ambas, por el absurdo de nuestra situación. Y es que es increíble la idiotez a la que hemos llegado, teniendo que reclamar y luchar por cosas que en algún momento parecieron (y deberían ser) básicas y elementales.

Los principios de la vida de cualquier república moderna, resumidos en la libertad, la igualdad ante la ley y la justicia, plasmados de manera más compleja en las cartas de derechos del hombre y del ciudadano, y ratificados, al menos formalmente, en la Constitución del MAS, deberían ser los fundamentos básicos sobre los cuales llevar adelante la vida en sociedad, y en base a los que cualquier gobierno debería orientar sus acciones.

Sin embargo, henos aquí, prácticamente suplicando por la no desaparición de la división de poderes, por el respecto a las ideas diferentes, por la protección de la integridad, dignidad y propiedad de todos los individuos por igual, por la práctica de la presunción de inocencia, por la transparencia y ecuanimidad a la hora de investigar delitos, juzgarlos y administrar castigos, por la responsabilidad de cualquier gobierno en la administración y gestión de los recursos públicos, etc. Todas estas cosas, que parecían principios sobreentendidos y consolidados, son hoy la causa de nuestras preocupaciones y angustias.

Hay dos lecciones que los bolivianos deberíamos aprender de ello: La primera, que la frase de Thomas Jefferson respecto de que “El precio de la libertad es la eterna vigilancia” es absolutamente cierta, y que los bolivianos, confiados en que ya estaba ganada, no hicimos lo necesario para mantenerla. Y la segunda, que el gran filósofo Karl Popper estaba en lo cierto cuando afirmaba que las sociedades no necesariamente avanzan, retroceden o se mantienen estáticas; que no existe un libreto basado en leyes históricas que necesariamente deberán interpretar las sociedades, sino que, dependiendo del espíritu de los individuos de cada país, de su madurez política y tradiciones democráticas, toda sociedad puede retroceder y perder todo lo bueno que hubiera ganado, para retornar a las prácticas colectivistas, autoritarias y esclavizantes.

Hoy debemos luchar por recuperar y reconstruir los cimientos de una república moderna, que pensábamos consolidados, pero nunca olvidar que sin los cuidados apropiados y la eterna vigilancia, todo lo construido se puede perder desde los cimientos… otra vez.

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