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En la etapa preelectoral se le dijo a Manfred que no entorpeciera la elección presidencial, y que optara por candidatear a la Alcaldía de Cochabamba o a la Prefectura. Sin embargo, por supuestas vocaciones de poder, que a mi más me perecen egos y soberbias desmedidas, decidió iniciar una carrera presidencial que, ahora ya está visto, podría terminar peor que la de Tuto Quiroga.

 

 

 

Hace algunos días, a través de uno de sus representantes, Reyes Villa lanza la idea de ser candidato a la Alcaldía de Cochabamba para las elecciones del 4 de abril. Sorprende la versatilidad del capitán, que hoy tiene la vocación de presidente, mañana la de alcalde, pasado la de prefecto y no sería nada raro que después le dé por candidatear a Mister Cochabamba. Sin nada de sangre en la cara, nos muestra que lo que tiene son ambiciones de poder, donde sea y cuando sea, y ni la más mínima idea de proyectos o visiones de país o de desarrollo.

 

 

 

Reyes Villa parece un niño caprichoso buscando premios y jugando a meter el gol en toda ocasión que se le presenta, y lo peor de todo es que cuando pierde se comporta como tal, culpando de sus propios errores e incapacidades a otros. Eso es lo que hizo después de las elecciones de 2002, cuando acusó a la CNE de haber montado un fraude en su contra, incluso afirmando que Goni no era un Presidente legítimo, para después firmar un acuerdo con el “fraudulento e ilegítimo” Sánchez de Lozada. Lo que sucedió en esa elección es que el MNR aprovechó de los errores de Manfred, como cuando dijo que el homosexualimo era una enfermedad, o cuando en un debate afirmó no conocer a un alemán que, se le mostró las pruebas en el mismo debate, había trabajado con él en su empresa de bienes raíces.

 

 

 

Lo mismo con el revocatorio. Las reglas originales de la ley, es verdad, eran desventajosas para los prefectos, pero en una acción sabia de la CNE, se decidió que los prefectos necesitarían solamente el 50% más un votos para permanecer en el cargo, cosa que es perfectamente justa. A Reyes Villa no le importó, continuó con el berrinche de que le estaban aplicando un mecanismo ilegal, y se quedó sentado en casa mientras decenas de miles de cochabambinos votábamos porque se quede en el cargo.

 

 

 

Ahora resulta que Manfred es uno de los portaestandartes de la autonomía cochabambina, cuando su firma ni siquiera figura en los libros que los ciudadanos llenamos para impulsar un nuevo referéndum. A decir verdad, y lo he corroborado, tampoco figuran las firmas de Marco Carrillo, Evo Morales, Adolfo Mendoza o Rafael Puente, quienes, junto a Reyes Villa, ahora quieren hacernos creer que apoyan e impulsan la autonomía, cuando no son más que falsos autonomistas tratando de apoderarse de una lucha esencialmente ciudadana de Cochabamba.

 

 

 

La gente del MAS, por un lado, estuvo mandándonos matones para insultarnos, tomarnos fotografías y robarnos los libros de firmas durante el proceso de recolección; y el entonces prefecto Reyes Villa, por el otro, estuvo tratando de sabotear el proceso de recolección simple y llanamente porque él no era parte y porque, al hacerlo, comenzaban a surgir nuevos liderazgos e imágenes ciudadanas que podrían hacerle sombra en nuestro departamento. Esta es otra odiosa actitud del político tradicional:“si no lo hago yo, no salgo en la foto, o no me ponen como autor de la obra, entonces me esfuerzo porque salga mal”

 

El excesivo ego, la absoluta soberbia, la falta de visión histórica, la ausencia de autoconocimiento de limitaciones, y la imposibilidad de sentarse un instante a pensar en los ciudadanos y no en los intereses mezquinos, han hecho que Manfred esté en donde en estos momentos está: 11% de intención de voto en Cochabamba, lugar que él consideraba su bastión, y más de 60% de rechazo en toda Bolivia. De esta forma, es más que evidente, no va a poder llevar a Evo Morales a una segunda vuelta, y al verse derrotado, ya comienza a soñar con la barbaridad de pedir nuestros votos para la Alcandía del Cercado. Ese voto mío, tampoco lo va a tener.

 

El autor es miembro del Instituto Libertad Democracia y Empresa
lizandrocolmos@gmail.com


Esa era la palabra puesta en graffiti sobre un trozo del muro de Berlín, suspendido ante los alemanes del este por el brazo mecánico de una potente máquina. Caía el muro de la vergüenza comunista, caía la franja de la muerte marxista, se derrumbaba la servidumbre, el mundo presenciaba, enternecido, la prueba más contundente y descarnada de que el socialismo, inspirado en las homicidas ideas de Marx, Lenin y otros, no era más que un conjunto de mentiras y errores que robaban la libertad al individuo, destruyendo la dignidad humana, y causando sólo miseria, hambre y represión.

Pero el muro no cayó por sí  sólo, ni por voluntad de los burócratas comunistas que se deleitaban disponiendo de las vidas de sus ciudadanos. Tuvieron que morir muchas personas durante décadas, tantas, que superan con creces las vidas perdidas por causa de esa otra criminal aventura colectivista llamada nazismo. Tuvieron que despertar los luchadores por la libertad como Lech Walesa, un electricista desempleado de la Polonia Comunista y líder del sindicato Solidaridad. Y fue necesaria la asistencia de la autoridad moral y lucha libertaria de Juan Pablo II, Margaret Tatcher, y Ronald Reagan.

El muro no dio más, el error burocrático de un dirigente comunista, anunciando que se le permitiría a los alemanes del este traspasarlo “a partir de ahora”, cuando en realidad se refería que a partir de ese instante se tramitarían permisos de viaje que entrarían en vigencia desde el día siguiente, fue equivalente a manifestar que se abrían las puertas del infierno. Multitudes de individuos se dirigieron a las salidas, lo militares tenían municiones y armas superiores a las necesarias para una guerra, pero nunca las usarían, tendrían que haber asesinado a las decenas de miles de personas que decidieron dejar de esperar a que los comunistas les devuelvan su libertad, y comenzaron a recuperarla a plan de picotazos y combazos contra la pared que había hecho de su país una gran cárcel. Los regímenes socialistas, hasta hoy, son los únicos que necesitan vigilar militarmente sus fronteras para evitar que las personas huyan despavoridas del paraíso.

Sin libertad no hay vida que valga, y sin dignidad dejamos de ser humanos. Thomas Jefferson dijo un día que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, y la primera ministra de Alemania, Angela Merkel, dijo este lunes que “la libertad no debe contemplarse como un bien sobreentendido, sino como algo por lo que se debe luchar y defender cada día”. La verdad de estas afirmaciones radica en el hecho de que siempre hay personas deseosas de disponer de las vidas de otros, tiranos dispuestos a construir nuevos muros y nuevos infiernos para sus ciudadanos, seres desquiciados y desequilibrados que buscan, nuevamente, ladrillo a ladrillo, arrebatarle al individuo su libertad y su dignidad, siempre camuflando su maldad y su sed de poder sin límites con buenas intenciones, promesas de construcción de paraísos, ilusiones redistributivas y espejismos de justicia social.

“Dame tu libertad y yo te doy seguridad” dicen los tiranos, y muchas personas les responden que sí. “Necesito más poder para ayudarte” dicen los totalitarios, y la gente les entrega ese poder desde las armas o desde las urnas. “Necesitamos grandes sacrificios” piden los criminales, y las masas ingenuas se sacrifican una y otra vez, entregan sus trabajos, sus pensamientos, sus vidas, y mueren sin ver jamás el paraíso prometido, y les dejan a sus hijos el infierno que ayudaron a construir.

Este lunes hemos recordado que hace veinte años, somos nosotros, los liberales, los luchadores por la libertad, quienes hemos triunfado sobre el totalitarismo, quienes hemos descubierto ya hace cientos de años la mejor de las ideas: Dejad en paz al individuo, permitid que sea él quien construya su propio paraíso, que cada quien decida sus metas y cómo alcanzarlas, que cada uno tome sus propias decisiones y cometa sus propios errores, y sólo exigidle que respete la libertad de sus semejantes.

Hoy, en Bolivia, los totalitarios internos nos han desafiado a una nueva batalla, están instalando las mismas ideas utilizando otras palabras, quieren levantar un nuevo muro para convertir nuestro país en una cárcel, y no importa el material con que se lo construya.

Por eso están calladitos estos días, no pueden festejar por la libertad, como lo hacemos nosotros, pero tampoco pueden hablar contra ella; la sola palabra se les atraganta al pronunciarla, decir libertad es como orar un Padre Nuestro para un endemoniado; saben que lo que hacen, el poder que piden, y el país que proponen, no son más que el camino de servidumbre.

Les tengo una buena noticia: Nosotros ganaremos y ellos perderán… como siempre. De nosotros dependerá cuán larga tenga que ser esta nueva batalla.


Instituciones no son solamente las creadas por la Constitución y las Leyes, sino también las organizaciones en que se agrupan los individuos haciendo uso de su libertad de asociación para fines lícitos. En tal sentido, los comités cívicos, los sindicatos, las agrupaciones civiles y otros, son una especie de institucionalidad que, siempre y cuando lo hagan dentro de los límites que imponen las libertades y derechos ciudadanos, debería coadyuvar a la institucionalidad estatal en el trabajo de resolver problemas e interpelar al gobierno sobre errores o insuficiencias en su desempeño.

 

Durante los últimos cuatro años, hemos criticado y protestado por cómo el gobierno del MAS ha destruido todo tipo de instituciones en Bolivia, comenzando por algunas que son esenciales para el correcto funcionamiento de un Estado, como el Tribunal Constitucional, la Corte Suprema y el Congreso de la República, hasta otras que, aunque no tan globales, son importantes y complementarias a las primeras, como sindicatos y asociaciones civiles. ¿Cómo ha destruido el MAS a estas últimas? Deslegitimándolas y desnaturalizándolas al hacerlas orgánicas y funcionales al partido de gobierno. Es así que la COB, la CSUTCB, algunos colegios de profesionales, y otras, no sólo que se declaran y hacen abiertamente campaña a favor del partido de Morales, sino que hasta han puesto su patrimonio al servicio del masismo, haciendo de sus sedes casas de campaña del MAS, y utilizando a sus afiliados como capital político para conseguir privilegios especiales.

 

Pero Evo Morales y sus esbirros no han sido los primeros en jugar a los destructores institucionales, en Cochabamba hemos tenido el mismo tipo de comportamiento en un escenario más pequeño. Manfred Reyes Villa también es un destructor institucional. Si los cochabambinos meditamos detenidamente desde cuándo nuestro Comité Cívico es el más débil del país, tendremos que retroceder al momento en que Reyes Villa se las arreglo para que esta institución respondiera a sus intereses y deseos. Y no es que, en determinado momento, una institución ciudadana no pueda apoyar ciertos proyectos de alguna autoridad por considerarlos de importancia para la región o para sus afiliados, por supuesto que lo puede y lo debe hacer, pero de ahí a convertir a la institución en una sucursal del grupo político de la autoridad, hay una diferencia estratosférica.

 

Lo mismo con otro tipo de instituciones. Varios sindicatos campesinos de Cochabamba, por ejemplo, están divididos en tres, uno que responde al MAS, uno independiente, y otro que responde a Manfred, debilitando horrorosamente su efectividad y deslegitimando sus acciones. Entre Morales y Reyes Villa, han logrado reducir la fuerza de las instituciones del departamento casi hasta desaparecer por completo.

 

El gran problema es que ninguno de estos sectores políticos que gustan jugar al destructor institucional parecen haber aprendido nada, puesto que hoy, en plena etapa electoral, continúan buscando asimilar organizaciones ciudadanas para convertirlas en casas de campaña, y a sus dirigentes y afiliados en empleados propagandísticos. Cuando no pueden asimilar la totalidad de la institución, no tienen ningún problema en dividirla, porque a ellos lo que les importa no es la sobrevivencia de aquella y su buen funcionamiento, sino conseguir más empleados, alarifes y sirvientes personales, a los que se puede mantener felices con un poco de prebenda.

 

Con muchísimo trabajo, el Comité Cívico Femenino y el Comité Interinstitucional por Cochabamba, han conseguido retomar las labores cívicas que el Comité Cívico no ha podido abordar por su débil imagen institucional. Es de esperar que estas instituciones hayan aprendido la lección de los tropiezos de otras, y que a la hora de atender los, a veces suplicantes y otras demandantes, llamados de los políticos, entiendan que, individualmente, y siempre y cuando no comprometan a sus instituciones, los actores cívicos pueden apoyar proyectos políticos, pero deben hacerlo como individuos y no como dirigentes cívicos.

 

Incluso, si así lo desean, pueden ser parte activa de un proyecto político siempre y cuando abandonen la institución cívica. Pero no tienen el derecho de pretender poner a la institución cívica o ciudadana al servicio de ningún candidato o autoridad, por más cautivante o positiva que fuera la razón de hacerlo.

 

Ojala entendieran esto también los sindicatos campesinos y la COB, que hace años muestran una obediencia canina al partido de gobierno, presentando una imagen con nula credibilidad ante la sociedad que, aunque a veces es ingenua, suele ser muy perspicaz –en ocasiones exageradamente- para identificar lazos políticos de actores supuestamente independientes.


No es sólo que los fines de los terroristas no justifiquen los medios que emplean. Es que los medios que escojen nos dicen cuáles son sus fines reales, porque aquellos que tienen a los inocentes como objetivo nunca protegerán la libertad y los derechos humanos.
Benjamin Netanyahu


Por meses, los narcos han invadido zonas rurales cochabambinas y han hecho de las suyas sin que el gobierno de Evo Morales les ponga un alto. Desde Pantipata hasta el parque Tunari, las fábricas de cocaína funcionan permanentemente, y sus desechos han estado contaminando el agua con que los campesinos deberían regar sus cultivos. La situación es tan prometedora para quien quiera dedicarse al narcotráfico, que la población de Pantipata, según estimaciones, podría haberse triplicado en los últimos meses.

 

De nada ha servido la investigación y las denuncias de legisladores como Arturo Murillo, ni de ciudadanos, analistas y comunicadores; el negocio basado en la “hoja sagrada” se ha vuelto casi intocable, y las incautaciones y descubrimientos de fábricas, realizados por las fuerzas de lucha contra el narcotráfico, no son más que espectáculos para mantener contentos y con una falsa tranquilidad, a ciudadanos, a organismos internacionales y a la comunidad internacional. Estos operativos son apenas un pequeño rasguño contra un negocio que ha proliferado excesivamente, gracias a un gobierno que no tiene la más mínima voluntad de enfrentarlo de manera contundente.

 

En una noticia de ayer en este mismo periódico, nos enteramos de otra región de Bolivia que esta sufriendo los mismos dramas, y tal vez peores dado su alejamiento de las zonas urbanas. Se trata de San Matías, provincia fronteriza con Brasil, en la que hace más de un año operan bandas de narcotraficantes en complicidad con el alcalde masista y los militares, y con la colaboración de delincuentes brasileros.

 

El drama de San Matías es aun mayor al de Pantipata, puesto que hablamos de una región a donde la única institucionalidad estatal que llega son la alcaldía y el ejército, pero que al estar implicadas en el delito, lejos de mejorar la situación de los ciudadanos honestos, lo que hacen es empeorarla aterrorizándolos y sometiéndolos.

 

Es un secreto a voces que sicarios de toda calaña se asesinan entre sí, o desaparecen a ciudadanos que de pronto pudieran volverse incómodos para sus negocios.

 

El último operativo realizado por las fuerzas de lucha contra el narcotráfico fue un rotundo fracaso, puesto que no se logró incautar ni droga, ni dinero, ni ningún bien que pudiera demostrar nada. Claro, seguramente el alcalde de San Matías tiene amigos en el gobierno, y logro enterarse del operativo que se pondría en marcha, y alertar a todos los miembros de la mafia para que pudieran poner sus intereses, y a ellos mismos, a buen recaudo.

 

Pero el narcotráfico no es el único negocio prospero que se practica en San Matías, también el contrabando de combustible es una de las principales actividades por las que alcalde y militares se enriquecen a sus anchas. La subvención que abarata el combustible boliviano les permite venderlo en el lado brasilero de la frontera a precios inmejorables, robando el dinero de los bolivianos que somos, finalmente, quienes subvencionamos los hidrocarburos.

 

¿Por qué la gente no dice nada?, ¿Por qué no llueven las denuncias de los pobladores? Es obvio, los militares y las autoridades han establecido un régimen de terror para, precisamente, evitar que la información salga a la luz. Nadie quiere jugar al héroe y terminar enterrado, sino botado, en la selva.

 

En cuatro años de gobierno del MAS, hemos podido constatar que su política sobre drogas se basa en la premisa de hacerse a los de la vista gorda, y organizar shows anti-narcóticos de vez en cuando para disimular. Las mafias de narcos, y de contrabandistas, encabezadas hasta por ministros (Juan Camión Quintana), han encontrado en Bolivia un paraíso a donde operar con mínimos riesgos y grandes posibilidades de éxito. Tenga usted la seguridad de que esta política no va a cambiar, de volver Evo Morales a hacerse cargo de ella. ¿Acaso no era obvio? un cocalero nunca lucharía contra el narcotráfico y la coca ilegal. 

 

Hoy, San Matías, igual que otras regiones de Bolivia, es un lugar a donde las personas están sometidas al narcotráfico, al la bota militar y al terror, por causa de delincuentes que lo único que buscan es enriquecerse a toda costa con el beneplácito, sino la complicidad, del gobierno mas desastroso de nuestra era democrática.


Por Pilar Rahola - Entrevista en el diario La Gaceta de Tucumán.

 

La reconocida periodista española Pilar Rahola critica duramente el coqueteo de Cristina Fernández de Kirchner con el chavismo y cuestiona la hipocresía y las contradicciones de la izquierda. A la vez, advierte sobre los peligros que enfrenta el mundo con un país como Irán, que está desembarcando en América latina y que está a punto de construir la bomba atómica.

 

El ganador del premio Pulitzer, Andrés Oppenheimer, define a Pilar Rahola como una de las periodistas más valientes del mundo. Pilar es una cronista de guerra que vive acostumbrada a las amenazas, una pensadora políticamente incorregible. Es de izquierda pero anticastrista y antichavista; critica a Saramago y defiende a Israel. Recién llegada a Buenos Aires, fue entrevistada por LA GACETA Literaria (Tucumán, Argentina,12 julio 2009).

 

La Argentina acaba de celebrar elecciones legislativas que han cambiado su mapa político. ¿Qué percibió durante estos días en que estuvo en Buenos Aires?

 

Estoy tratando de tomarle el pulso a la Argentina porque creo que es el termómetro del continente. El país tiene una sociedad civil muy activa pero, a veces, parece dormida. Por momentos, Argentina parece bipolar porque del pensamiento crítico más feroz se pasa a permitir los abusos políticos más extraordinarios. A la Argentina el pasado parece pesarle mucho, y el futuro preocuparle poco, mientras vive en un presente demasiado traumatizado. Creo que al pasado hay que recordarlo pero sin descuidar ni dejar de pensar en el presente ni en el futuro. En la actualidad, lo que percibo es que está atravesando uno de los momentos políticos más desconcertantes de los últimos años, con unos gobernantes que parecen autistas, desconectados de la gente y sus problemas. No cometen más errores porque no se entrenan y los argentinos están perdiendo la oportunidad de ser un país muy importante. No es posible que un pequeño país como Chile tenga más peso geopolítico que la Argentina , ni que tenga una presidente con el 74% de aceptación pública, que contrasta con su vecina. La derrota en las elecciones indica que se han cometido todos los errores de manual. Cristina Kirchner, la mujer comprometida socialmente, que hablaba de cambiar el rumbo, se ha convertido en una esperanza rota.

 

Julio María Sanguinetti, en una entrevista publicada en LA GACETA Literaria el domingo pasado, afirmó que la izquierda en general no es democrática. El ex presidente uruguayo prologó su último libro y dijo que usted era auténticamente de izquierda. ¿Cómo se lleva con la democracia?

 

Sanguinetti tiene razón en algo fundamental: ninguna ideología se escapa de los procesos autoritarios. Una parte de la izquierda hizo creer que solamente la derecha tiene monstruos en su interior. Monstruos que iban desde Pinochet y Videla hasta Hitler. La derecha tiene monstruos pero la izquierda también los posee, y van de Castro a Pol Pot o Stalin.

Me llevo bien conmigo misma porque soy una librepensadora. Y eso significa que me mantengo en mi territorio de dudas y no entro al terreno de los dogmas de fe. Cuando una ideología entra dentro de ese territorio se convierte en perversa y reaccionaria. En la derecha ocurre ese fenómeno; en la izquierda también. Lo que ocurre es que la izquierda es la que hace más ruido, en las calles, con sus pancartas y consignas. La izquierda que grita más es, generalmente, la peor: es la que suele perder el sentido común, apoyando a gobiernos totalitarios, celebrando actos terroristas como los del 11 de setiembre, convirtiéndose en una verdadera caricatura. Lo que me repugna es que en nombre de la justicia social y de la libertad, de todo lo que yo defiendo, se aclame a hombres brutales que atentan contra esos ideales. Un ejemplo de estas contradicciones es el fenómeno de Hugo Chávez y de tantos “Chavitos”, como los que pueden encontrarse en la Argentina. Chávez utiliza la democracia para destruir la democracia, desmantelando minuciosamente sus instituciones, y tiene un proyecto imperial con sus aliados de Corea del Norte, Libia e Irán. Que este hombre diga que es de izquierda, me molesta. Pero que apele a la libertad, me enfada profundamente. He militado en partidos de izquierda y peleo por conceptos de la izquierda pero no salgo del campo de juego. El campo de juego es el que delimitan la Carta de Derechos Humanos, la libertad y la democracia.

 

En el programa de Mirtha Legrand, en el que estuvo este martes, dijo que muchos de los grandes intelectuales de izquierda están sobredimensionados, algo que no sucede con los de derecha. ¿Por qué ocurre esto?

 

Por ejemplo, Samuel Huntington habla del choque de civilizaciones y se hunde. No es recomendado en ninguna cátedra universitaria ni es tenido en cuenta en casi ningún ámbito del mundo intelectual. Y eso ocurre porque es de derecha. En cambio, los intelectuales de izquierda que dicen las mayores barbaridades son siempre impunes. Un ejemplo claro es el premio Nobel José Saramago, que escribió a favor de Stalin y en contra de la caída del muro de Berlín, que sigue defendiendo a Castro y que integró las listas del jurásico partido comunista portugués en las últimas elecciones. ¿Cómo alguien puede equivocarse tanto y tener tanto prestigio? Eso ocurre porque se sobreentiende que un intelectual de izquierda es bueno. La izquierda monopoliza el prestigio intelectual. Hay que romper el mito que asocia a la izquierda con la pureza. Hay intelectuales de derecha que han ayudado a mejorar el mundo y otros de izquierda que han contribuido a empeorarlo y viceversa. Como yo no me caso con nadie puedo juzgar con libertad.

 

El mundo ha condenado, en forma casi unánime, el golpe de Honduras, aglutinando a figuras que van desde Castro y Obama hasta Chávez y Uribe. Algunas voces aisladas como la del Wall Street Journal, o la de intelectuales como Carlos Alberto Montaner desde el Washington Post, justificaron el derrocamiento y plantearon que se está juzgando la situación con pautas extemporáneas. ¿Cuál es su opinión?

 

Creo que cualquier golpe de Estado debe ser condenado. El actual gobierno de Honduras tomó el peor de los caminos; se equivocó. Pero de ahí a convertir a Zelaya en un santo hay un abismo. Pienso que se trató de un contragolpe a quien quebraba las leyes, gobernaba de espaldas a la sociedad e intentaba convertir a su país en un satélite de Chávez. Zelaya intentó un golpe de estado “blando”: el que consiste en socavar la democracia desde la democracia, replicando lo que se hace en Venezuela y en Bolivia. Lo notable de Zelaya es que violó la Constitución y ahora apela a ella para volver a su cargo. Criticó a Estados Unidos y ahora va corriendo a ver a Hillary Clinton. Forma parte de la lógica, o la contradicción, populista. Lo que yo le preguntaría a Cristina Kirchner, que viaja en el avión con Correa a denunciar el golpe, es dónde estaba antes. ¿Dónde estaba Cristina cuando Zelaya desmantelaba la libertad en Honduras? ¿Por qué se paseaba de la mano de Castro? Argentina está cada vez más cerca de Chávez y cada vez más lejos del sentido común. Lula, Bachelet, Tabaré Vázquez no viajaron.

 

En un artículo publicado esta semana en el diario La Vanguardia usted denuncia un proceso colonizador del gobierno iraní y de miembros del Hezbollah en América latina, con el apoyo de Chávez y Castro. ¿En qué consiste ese “proceso” y cuán grave es?

 

Chávez ha construido la “pista de aterrizaje” para Irán en Latinoamérica. Hay contratos económicos y militares entre iraníes y países del ALBA, pueblos islamizados, fábricas montadas, alta presencia de miembros del Hezbollah. Hay fuentes que indican que el 50% de la financiación de Hezbollah viene de la Triple frontera. La penetración iraní en América latina es muy preocupante. Es lo único que le falta al continente; que se plante la bandera del chiismo radical.

El peligro iraní

 

¿Cómo cree que evolucionará la situación en Irán?

 

Las elecciones iraníes son una gran mentira: solamente se presentan los candidatos permitidos por el consejo de los ayatollas. Irán tiene un régimen brutal y enormemente rico. Pero también es el país que tiene la sociedad civil más organizada, capaz de quebrar al régimen, aunque eso implique muchas muertes. Irán, por su gobierno, es el país más temible del mundo islámico en Medio Oriente; pero también, por sus ciudadanos, es el que genera más esperanzas.

 

El problema es que toda Europa está seducida con los petrodólares iraníes. ¿Por qué no convertimos a Irán en la nueva Sudáfrica ? El mundo condenó el apartheid contra los negros. ¿Por qué entonces permitimos el apartheid contra las mujeres, los estudiantes y los que aman la libertad?

 

¿Cree que Obama aplica un doble standard en la situación de Irán respecto de la de Honduras?

 

Pienso que Obama está tan preocupado por gustar que le dice a cada uno lo que quiere oír.

 

Usted dijo que él era un populista en un artículo reciente.

 

Sí, creo que tiene una tendencia al populismo. A pesar de eso, valoro sus esfuerzos por poner palabras donde antes había armas. Sin dudas ese es el camino. Pero Obama no tiene mucho tiempo. Puede hacerse el simpático unos meses más pero, a partir de diciembre, el proceso nuclear iraní no tendrá marcha atrás. Al mundo le queda muy poco tiempo para parar el surgimiento de un nuevo régimen totalitario con armas nucleares. La administración norteamericana lo sabe bien, como también que en algún momento debe plantarse, dejando de lado la política de “buenos amigos”. Y no me refiero a hacer la guerra, que sería una barbaridad que no solucionaría nada. Me refiero a un boicot económico y político que haga daño al gobierno de los ayatollas. Eso es lo que pide a gritos la ciudadanía iraní: que Estados Unidos rectifique la pasividad actual.

 

¿Piensa que si EE.UU. no la rectifica, Israel bombardeará a Irán?

 

Hay una frase en la Biblia : “si tu enemigo dice que quiere destruirte, debes creerlo”. ¿Por qué no habríamos de creerle a Irán cuando dice que hay que borrar a Israel de la faz de la Tierra?

 

Los fundamentalistas no mienten: cumplen todas sus amenazas. Cuando Bin Laden, después del 11 de setiembre, señaló a España diciendo “ahora Al-Andaluz”, era evidente que sufriríamos un atentado terrorista. Irán es un país que hizo atentados en otros países, como lo saben bien los argentinos por sufrirlo en carne propia.
Cuando Hitler dijo que iba a hacer desaparecer a los judíos de Europa, había que creerle. Casi lo consigue al convertir en humo a dos tercios de los judíos europeos. Si Irán llega a tener capacidad nuclear, el mundo tendrá un riesgo enorme.

 

El futuro de Medio Oriente

 

“La lucha de Israel, aunque el mundo no quiera saberlo, es la lucha del mundo”, dijo en una conferencia que dio en Washington el año pasado. ¿Recibe muchas críticas por la defensa que hace de Israel?

 

Gran parte de la izquierda ha simplificado el conflicto palestino-israelí en un esquema de “buenos y malos”, “víctimas y verdugos”, desconociendo la mano de Irán, Siria y los yihadistas, de los palestinos que reprimen a otros palestinos, de los totalitarios que quieren masacrar en nombre de Alá. Claro que en el lado israelí también hay responsabilidad que debe ser criticada. Pero el conjunto debe analizarse contemplando su complejidad. Lo que ocurre es que hay un sector de la izquierda que, habiendo perdido las utopías, ha sustituido la boina del Che Guevara por la kefia palestina. Que me critique esta izquierda, que defiende ideas totalitarias, es un honor. Lo que me preocupa es la contaminación de tantos cerebros jóvenes, que no saben nada sobre el conflicto, que no se hicieron ninguna pregunta y creen que tienen todas las respuestas, que creen que son solidarios criticando a Israel. No se dan cuenta que Israel es adversario de los palestinos pero no su enemigo. El enemigo es Hamas. Con Hamas y Hezbollah no hay futuro. Hezbollah es una agrupación que pone trozos de carne humana en sus banderas. Su líder envió a su propio hijo a morir. Se puede salir a la calle y protestar contra la incursión israelí en Gaza pero también debe criticarse a Hamas. No balancear el conflicto no es ayudar a la paz: es ayudar a la muerte. Palestinos e israelíes pueden negociar duramente pero en esos intercambios hay futuro. Eso es lo que defiendo y lo que me ha valido amenazas de muerte. La policía me cuida pero sé que es el precio que debemos pagar los que no queremos formar parte de los dogmas de fe de un mundo virulento. Lo que me irrita no son los ataques de los fundamentalistas, porque son coherentes, sino los de los que me insultan y dicen defender la libertad. También recibo muchísimo apoyo porque el sentido común, afortunadamente, es mayoritario.

 

Usted conoce muy bien Medio Oriente. ¿Cómo imagina el futuro de la región?

 

El petróleo es un arma de destrucción masiva: es lo que da el dinero para montar las mayores atrocidades. Si no superamos la era del petróleo, no habrá libertades en Medio Oriente. Si no las hay, no frenaremos el fenómeno yihadista. Si no lo paramos, no habrá paz en Medio Oriente. Se trata de una cadena. Todo el mundo libre depende de un modelo de vida que da miles de millones de dólares a dictaduras atroces que lo utilizan para esclavizar a sus pueblos y fomentar el terrorismo. Esto se acabará el día en que el petróleo no sea la clave económica del mundo. Lo dramático es que toda esa riqueza no sirvió para nada. En los últimos 70 años todo el dinero de ese petróleo no ha dado un solo premio Nobel en todos los países islámicos de Medio Oriente. En cambio, en las mismas seis décadas, un pequeño país de siete millones de habitantes, como es Israel, generó muchísimos Nobel. No olvidemos que hace un tiempo Mohamar Kadafi dijo: “ustedes tienen la bomba atómica pero nosotros tenemos la bomba demográfica”. Ahora quieren tener las dos.

 

¿Qué papel cree que debería jugar Estados Unidos en Medio Oriente?

 

Europa critica permanentemente a EE.UU. pero lo cierto es que los únicos que se han metido en el barro son los norteamericanos, los que sentaron a palestinos e israelíes en Camp David y en Oslo para resolver el problema. EE.UU. es aliado de Israel pero también es el mayor donante de dinero a la Autoridad palestina. Creo que los norteamericanos deben seguir metiéndose pero, de todos modos, soy pesimista. Por más buenas intenciones que tengan los norteamericanos, los israelíes y un líder que me gusta como Mahmud Abbas, temo que Teherán dinamitará cualquier eventual acuerdo con la ayuda de Hamas, cuyo propósito fundacional es la destrucción de Israel. Me parece que no estamos cerca de la paz.

 

El pluralismo y la muerte

 

Desde su perspectiva, ¿hay culturas superiores o todas son moralmente equivalentes, como sostiene la mayor parte del progresismo?

 

Hay una cultura superior y es la del derecho. No creo en choques de civilizaciones sino en un choque entre la civilización y la barbarie. El bárbaro es el que en nombre de una ideología mata, secuestra, tortura. El civilizado es el que lucha contra eso. En el Islam los civilizados son las mujeres que luchan por sus derechos, los ciudadanos que pelean por la participación en la vida pública, los escritores que alzan su voz contra la tiranía yihadista. Los bárbaros son los que persiguen a los disidentes, esclavizan a las mujeres, amenazan al mundo. Hay una forma superior de ver al mundo y es la que refleja la Carta de Derechos Humanos. No creo en las teorías de Huntington o de Oriana Fallaci que estiman que Occidente es superior a Oriente. En Occidente engendramos monstruos terribles y el Islam ha dado grandes pensadores. Pero lo que sí creo es que el fenómeno totalitario es brutalmente inferior al democrático. Yo estoy del lado de las mujeres lapidadas, de los que luchan por las libertades en las calles de Teherán o en cualquier lado; y me importa poco que sean musulmanes, católicos, judíos, ateos o bailarines de flamenco.

 

Fue cronista de guerra en varios conflictos. ¿Cuál es la mayor marca que le han dejado?

 

Las guerras te cambian. En cada vuelta a mí país, pasé más de un mes sin entenderlo. No puedes creer que tus conciudadanos pierden su tiempo en tonterías mientras tu tienes el alma colgando en una percha.
La imagen más nítida de todas las guerras que viví me quedó grabada en Africa, en las montañas de Etiopía, en medio de un conflicto que, como todos los africanos, fue anónimo y pasó inadvertido para todo el mundo. Es la imagen de una madre etíope acunando a un niño que llevaba dos horas muerto. Le pregunté a una persona que la conocía si no le iban a sacar el niño de sus brazos y me contestó: “la muerte en Africa tiene su tiempo”.


Los beneficios para la democracia del debate entre candidatos son evidentes, puesto que ello permite a los electores tomar decisiones con mayor información respecto de las propuestas de éstos. Es precisamente gracias al debate que unos candidatos podrían demostrar la inviabilidad o pura demagogia de las propuestas de otros, frente a una ciudadanía que, además, no suele ser muy lectora de los programas que proponen los presidenciables. Entonces, los candidatos no sólo tienen la obligación de explicar sus propuestas, sino que tienen que conocer las propuestas de los otros e intentar demostrar la falsedad o peligrosidad de las mismas, y hasta exigir explicaciones sobre algunos de sus puntos.

 

Personalmente creo que la negativa de Evo Morales a debatir no es más que una demostración de su cobardía e inseguridad, puesto que si él realmente creyera que las propuestas de los otros no son serias, o que la suya es mejor, no debería tener ningún problema en demostrárselos en sus caras. Evo Morales no quiere debatir, simplemente porque tiene cosas que esconder, su plan es pura maldad, miente y teme que sus mentiras e ineptitud sean puestas en evidencia por sus rivales frente a los electores. Así de simple.

 

Echándole un vistazo a la propuesta de gobierno del masismo, encontrada en www.cne.org.bo, en la página 61, podemos encontrar una tabla que enumera cien Leyes que supuestamente serían diseñadas y aprobadas para implementar la Constitución del MAS. Allí encontramos una futura “Ley Orgánica del Control Social” cuyos límites y mecanismos sería importante conocer ¿quiénes estarán habilitados para ejercer ese control social?, ¿los movimientos sociales afines al MAS?, ¿controlarán sólo las actividades públicas o también las privadas?

 

Otra curiosidad es el “Nuevo Código de seguridad social” y la “Ley del sistema de seguridad

social integral” destinados a cambiar el régimen de pensiones, pero que no nos da mayores datos de cómo se lo hará ¿se obligará a los aportantes a confiar su dinero a los burócratas del gobierno? En la “Ley de recursos hídricos” ¿se confiscará los pozos de agua de los ciudadanos de los barrios alejados, para dárselos en administración a Omar Fernández y sus regantes?

 

Me preocupa especialmente la “Ley de donación y trasplante de órganos”, puesto que como con Evo Morales pensando en lo peor se suele acertar, se me ocurre que a través de esta ley pretenderán obligar a cada individuo a donar sus órganos para quien los necesite. Y no me importa si es vivo o muerto, cada persona tiene el derecho de irse completa a la tumba si es que así lo quiere.

 

Habrá una “Ley de cooperativas”, por la que los cooperativistas seguramente estarán interesados en saber si el gobierno quiere meter sus narices ¿en qué asuntos? No lo sabemos, el programa no lo dice. Luego vienen la “Ley de regulación de unidades educativas privadas y de convenio” y la “Ley de regulación de la educación superior” por las que creo que el MAS pretende poner sus garras sobre la autonomía universitaria, y sobre la educación de nuestros hijos, al igual que su gran amigo Chávez en Venezuela, que ya ha comenzado a utilizar las escuelas para adoctrinar a los niños y convertirlos en futuros “revolucionarios”.

 

Con la “Ley de comunicación social e información”, es más que evidente que Morales quiere deshacerse de una vez por todas de ese estorbo llamado libertad de expresión y de prensa que, él mismo lo dijo tantas veces, es considerado una muy molesta piedra en el zapato. Los periodistas, esos sucios pollos de granja, son los principales enemigos, deben ser controlados y ¿qué mejor que una Ley para lograrlo?

 

No se para qué se necesita una “Ley de regulación de derechos y garantías constitucionales” ¿es que piensan limitar nuestros derechos constitucionales? Sobre la “Ley de Regulación de la inversión privada y desarrollo productivo” tendrán que hacer preguntas los empresarios e inversionistas, generadores de empleo, igual que con la “Ley de regulación de cadenas productivas”, en la que seguramente se pretenderá decidir, desde el gobierno, quién vende, cómo lo hace, a qué costo, y en qué lugares y momentos.

 

Sin embargo, una de las dudas más preocupantes de este plan, es la referida al “Saneamiento del Derecho Propietario de Inmuebles Urbanos”, que no está en la tabla, pero se encuentra precisamente en la página 61 ¿Cuál la intención de esta regulación?, ¿se querrá hacer, como en Venezuela, una persecución política a los ciudadanos opositores extorsionándolos con la propiedad de sus casas?, ¿serán intervenidas por el control social?

 

Un debate entre candidatos a la presidencia de la República servirá para despejar estas y muchas otras dudas sobre el programa de gobierno del MAS. No sea cobarde, señor Morales, y aclárenos estas cosas.



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